Acuerdo arancelario entre Trump y Xi, otra batalla perdida por los yanquis frente a los imperialistas chinos, que siguen avanzando
Luego de que la guerra arancelaria alcanzara su nivel más alto -a partir de los aranceles impuestos por Trump- el presidente yanqui tuvo que retroceder y buscar una negociación con el jefe del
imperialismo chino. Esta movida es una expresión palpable de la
impotencia de EEUU, que, hasta el momento, no supo ni pudo poner contra las
cuerdas a su principal competidor, que continúa a la
ofensiva.
La posición china se fortaleció tras esta pelea comercial,
sobre todo en América Latina, luego de que varios de sus principales presidentes
protagonizaran la cumbre CELAC en Pekín. Boric, Petro y Lula,
junto a funcionarios de casi todos los países de América del Sud, se comprometieron a seguir construyendo la “Franja de la
Ruta”, que es la versión de la Ruta de la Seda para estos territorios.
Según palabras del economista Mark Williams, que actúa como jefe para el continente asiático de la consultora británica
Capital Economics, “la tregua es otro paso atrás en la postura agresiva de la
Administración Trump”. Esto es así, porque el gobierno del Partido Comunista
Chino se mantuvo firme, sin ceder a ninguna de las demandas de la Casa Blanca.
El gran problema para Trump es que muchas industrias
norteamericanas dependen de materiales y componentes producidos en China. Y, en
ese marco, la imposición de los aranceles, las golpeó afectando con severidad a la
economía yanqui, que marcha hacia una recesión. Trump, que pretendía
implementar una política proteccionista, terminó perjudicando a quienes tendría
que haber defendido.
La tregua es coyuntural, ya que tiene como objetivo ganar
tiempo para las encarar las próximas batallas, que, en las condiciones actuales
serán muy difíciles para Estados Unidos. Queda claro, que Trump no podrá alcanzar una posición
ventajosa en los escasísimos tres meses, que es lo que durará la suspensión arancelaria.
Más allá de que la tregua se extienda o Trump se termine olvidando de
los aranceles, ambas potencias están obligadas a profundizar la disputa comercial,
ya que la crisis capitalista no da lugar a la coexistencia pacífica
entre ambas. ¡El actual mercado internacional no alcanza para que se lo repartan las multinacionales representadas por las dos potencias!
Esta realidad empuja, más allá de las intenciones de Trump y Xi, a una confrontación mucho más abierta y violenta, una guerra clásica, como las que tuvieron lugar cada vez que explotaron estas situaciones críticas. Esto creará muchos problemas en los regímenes políticos burgueses, creando condiciones para la irrupción revolucionaria de la clase obrera.
China: Tan imperialista como Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia o Japón
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