Trump contra la Reserva Federal, una pelea interna que debilita aún más al imperialismo yanqui, que sigue retrocediendo frente a China
Por Damián Quevedo
El día en que todos los
diarios del mundo anunciaban la muerte del Papa y la gran mayoría llenaba sus
páginas sobre este tema, la bolsa de New York tuvo su lunes trágico. Luego de
que Donald Trump atacara públicamente al presidente de la Reserva Federal, la
mítica FED, cayeron en
picada todos los índices bursátiles y los bonos del tesoro.
Llueve sobre mojado, tanto en lo que respecta a las
amenazas de Trump a la independencia de la Reserva Federal como a la pérdida de
confianza en la moneda estadounidense a raíz de la guerra comercial declarada
contra el mundo por el presidente. La mayoría de los mercados mundiales
cerraron el viernes por festivo y parte de ellos siguen cerrados este lunes, de
modo que la actividad es más baja de lo habitual. Los futuros sobre los índices
bursátiles estadounidenses también han arrancado a la baja, al igual que los
títulos del Tesoro estadounidense, mientras que el oro volvía a actuar como
refugio[1].
Lo que hizo Donald Trump no es otro producto de su “torpeza”, tiene que ver con una realidad, el declive de su país, que lo empuja a tomar este tipo de medidas, para golpear los salarios de la clase obrera y volverlos más “competitivos”. Una actitud desesperada de quien pretende sacar de la crisis a la otrora principal potencia mundial.
La Reserva Federal, el banco central estadounidense, es, en los papeles y en los hechos, un organismo independiente. Por lo tanto, la intromisión de un presidente en políticas relacionadas a esta institución, resulta inusual. El último que lo hizo fue, hace muchos años, Richard Nixon, con una intervención que culminó en estanflación.
Trump pretende que la FED baje las tasas de interés. Desde el organismo le respondieron que el problema de la economía yanqui no tiene que ver con este tema, sino con las consecuencias de la profundización de la guerra comercial y el aumento de los aranceles.
Trump impulsa la depreciación del dólar para alcanzar una meta que, en nuestro continente, han logrado distintas gestiones, macristas, peronistas y libertarias: reventar el poder de compra de los sueldos obreros mediante la combinación de dos herramientas, íntimamente ligadas, la devaluación y el impuesto inflacionario.
Pero, esta medida desesperada no le alcanzará para cumplir su objetivo, ya que la para avanzar en ese sentido, tendría que declararle la guerra al poderoso movimiento obrero yanqui, de manera de aplastarlo, algo que Trump no está en condiciones de hacer, por lo menos, por el momento.
Los chinos le llevan la delantera en ese rubro, porque, desde que le propinaron una soberana paliza al movimiento de masas en la Plaza Tiananmen, a fines de la década del 80, lograron aumentar la súper explotación obrera a niveles excepcionales. Esa ha sido, en definitiva, una de las bases principales de su gran desarrollo.
El imperialismo yanqui, que está en retroceso, frente al avance de su principal rival, China, tambalea y pierde batallas importantes en la guerra comercial y tampoco puede dar pasos significativos en la guerra contra los trabajadores, una situación que debe ser aprovechada por los pueblos de todo el mundo para salir a pelear, ya que los dueños del mundo están mal parados.
En ese marco, los revolucionarios y las revolucionarias debemos jugarnos a liderar estos combates, agitando la bandera de la liberación nacional, que, para ser consecuente y dar lugar a una salida realmente de fondo, tiene que plantearse no sólo contra el decadente imperio en retroceso, sino también contra sus competidores asiáticos y europeos.
[1] El País 21/04/2025

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