Murió Bergoglio, el máximo representante de una de las instituciones contrarrevolucionarias más antiguas y nefastas, la Iglesia Católica


Por Juan Giglio

Acaba de fallecer el máximo dirigente de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, una institución contrarrevolucionaria muy antigua, que, a lo largo de la historia sostuvo los sistemas económicos y sociales más antihumanos y represivos, como el Feudalismo y el Capitalismo. 

A lo largo de su existencia, los representantes de la Iglesia defendieron los intereses de las castas y clases sociales más acomodadas, llamando a los pueblos a resignarse, ya que, luego de la muerte, tendrían la posibilidad de vivir en un “paraíso”, que, en vida, solo está reservado para que lo disfruten los ricos. 

En función de esta tarea, los papas, obispos y demás parásitos de esta institución, han cometido o bendecido los crímenes más horrendos, a través la Inquisición, la quema de “brujas” o el apoyo a las dictaduras más sanguinarias. Aquí, en Argentina, la mayoría de los jerarcas eclesiásticos actuaron a favor de Videla y sus secuaces. 

La asunción de Bergoglio, que, como obispo de Buenos Aires, no se caracterizó por ser demasiado “progresista”, significó y significa un intento de adaptar a la Iglesia a los nuevos tiempos, dotándola de un maquillaje populista. Sus líderes la han maquillado, con cierta dosis de populismo, porque ha perdido peso en muchos países, debido al avance de los evangelistas.   

Como revolucionarios comprendemos y respetamos el dolor y los sentimientos de los católicos y las católicas que lloran la muerte de Francisco. Pero, desde ese lugar, continuaremos batallando contra la Iglesia, como institución, porque entendemos que no habrá manera de cambiar al mundo de bases sin acabar con este gran bastión de la contrarrevolución. 

Para avanzar en ese sentido, una de las consignas que sostenemos, junto con otros sectores progresistas, es la necesidad de que el Estado deje de financiar a la Iglesia. ¡Iglesia y Estado, asunto separado! 

Bergoglio, obviamente, nunca estuvo de acuerdo con esta línea, ya que, como defensor del capitalismo, siempre entendió que la institución que lideró es un engranaje fundamental del Estado, la principal herramienta que con la que cuenta una minoría privilegiada, los capitalistas, para vivir bien a costa de la explotación de la absoluta mayoría de la población.  

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