Boric y Lula se reunieron para profundizar la dependencia con el imperialismo chino, impulsando la construcción del corredor bioceánico

 


Por Damián Quevedo

América Latina es uno de los principales escenarios en los que se lleva adelante la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Sobre todo, porque a las inversiones y el intercambio comercial le han seguido acuerdos estratégicos de varios países de la región con el imperialismo chino, como Brasil o Chile. Por esto, días atrás, el presidente chileno viajó a Brasil para reunirse con Lula y sectores del empresariado relacionados al corredor bioceánico que unirá ambos países. 

Boric participó en un seminario con empresarios en la sede de la Confederación Nacional de la Industria (CNI) de Brasil, que estuvo centrado en ese proyecto que apunta conectar los océanos Atlántico y Pacífico, a través de una red de carreteras que se extendería por unos 2.400 kilómetros. Así como hizo la víspera durante una reunión con el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, Boric dijo que, frente a la guerra comercial desatada por EE.UU., se debe responder con "más integración" y "no con declaraciones altisonantes o represalias"[1]. 

Detrás de la retórica antiyanqui, tanto de Lula como de Boric, se esconde política de sumisión, cada vez más significativa, para con otra potencia imperialista, China, que comenzó a planificar este proyecto en 2013. Ahora, el corredor bioceánico se está construyendo, en base a inversiones millonarias dirigidas a montar una infraestructura capaz de transportar grandes toneladas de materias primas desde el sur de América hasta el continente asiático. 

La inversión sería de unos 3.500 millones de dólares, y busca agilizar el transporte de productos agrícolas, minerales y bienes industriales hacia China, “que absorbe más de un tercio de las exportaciones brasileñas (y también argentinas), equivalentes a 350.000 millones de dólares anuales.”[2] 

Estas inversiones, direccionadas por China o sus aliados, como Emiratos Árabes, vienen acompañadas de cláusulas secretas que garantizan la amortización y grandes ganancias para el imperialismo chino. Estas, además, profundizan el carácter semicolonial de los países del Cono Sur, afianzando unmodelo económico productor de materias primas sin ningún avance hacia la cada vez más necesaria industrialización. 

China se enfrenta a Estados Unidos y la Unión Europea, no para beneficiar a los pueblos oprimidos, sino para ocupar el lugar que estas potencias están dejando debido a su declive económico. Los países colonizados por la gran potencia asiática sufren las mismas penurias que, antes, habían sufrido en manos de los imperialistas occidentales, a través del saqueo de sus recursos y la súper explotación de su mano de obra.   

Para que los pueblos oprimidos alcancen un nivel de vida digno deben, sí o sí, liberarse del yugo impuesto por los imperialistas, los de ayer y los de hoy. La pelea por la independencia nacional significa, que, las masas coloniales tendrán que echar a patadas a los yanquis, los europeos, los chinos y compañía. La lucha entre estos es una ventaja para los y las de abajo, porque, de conjunto, están debilitados.     



[1] Infobae 23/04/2025

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