La tradicional movilización del 24 de marzo fue la coronación de una serie de movilizaciones populares, que expresan un cambio en la situación política, en la relación de fuerzas entre el gobierno -al frente del Estado capitalista- y el movimiento de masas.
Las dos marchas de apoyo a los jubilados demostraron no solo que existe una fuerte y masiva solidaridad con el sector pasivo, sino también que está surgiendo una vanguardia dispuesta enfrentar en las calles a la represión. Esto obligó al gobierno a retroceder, que, a pesar de sus amenazas, terminó permitiendo las últimas dos grandes concentraciones, el 19 y el 24m.
Este nuevo aniversario del golpe de Estado, la movilización se produjo en ese contexto, por esa razón, además del histórico reclamo de justicia y rechazo a la dictadura, fue una contundente respuesta política a la represión contra los jubilados y quienes se manifestaron junto a ellos.
El gobierno de Javier Milei es probablemente el más reaccionario y violento de las últimas décadas, aunque todavía en el plano discursivo, porque, cada día que pasa, se muestra impotente para plasmar esa propaganda en hechos concretos y contundentes. Los spots negacionistas son, en ese sentido, una arenga a la tropa libertaria.
El gobierno no pudo detener las últimas grandes marchas, y, mucho menos, está en condiciones de organizar una contramarcha, ya que existe en Argentina un consenso mayoritario de rechazo a la dictadura. Esta realidad es el producto de aquello que Nahuel Moreno, exagerando quizá, llamó revolución democrática, una conquista que ningún gobierno pudo tocar.
Es un hecho, que, en las últimas semanas, el gobierno nacional perdió la calle, por eso, ahora Milei solo tiene una carta para presentar al FMI, la baja de la inflación. Atrapado entre la exigencia de devaluación del fondo y la tendencia objetiva a que la sobrevaluación del peso estalle, el gobierno está en una carrera contrarreloj para llegar a las elecciones sin una caída violenta del peso argentino y una disparada inflacionaria.
Esta es una situación que la izquierda debe aprovechar, de manera de acelerar la derrota de un gobierno que cada día está más debilitado. Las organizaciones que se reivindican socialistas y revolucionarias, deben convocar a organizar, junto a otros sectores combativos, un centro coordinador de la resistencia, que haga lo que la burocracia sindical no va a hacer, darle continuidad al paro de abril, a través de un plan de lucha coherente y consecuente.

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