La devaluación de la lira turca y sus efectos devastadores en la economía libertaria, que continúa hundiéndose
Por Damián Quevedo
Acaba de desatarse una nueva crisis económica en Turquía,
un país cuyos movimientos políticos y financieros afectan directamente a otras
economías “emergentes” o directamente semicoloniales, como la de Argentina.
Esta crisis tuvo que ver con la caída en picada de la moneda nacional turca, la
lira.
La moneda
nacional de Turquía se devaluó esta semana más del 12,7 por ciento frente al
dólar, y llegó a tocar un precio histórico de 42 unidades por dólar. El pánico
que generó este movimiento repercute en los países emergentes y la Argentina es
una de las economías que queda vulnerable. La caída de la lira impactó en
fuertes pérdidas en la bolsa de valores turca, con un desplome del 7 por ciento[1].
Esto se debe a que los países semicoloniales dependen fuertemente del crédito externo. Este mecanismo se implementa, por lo general, a través de la colocación de bonos, que se desploman cada vez que explota una crisis política o social, ya que su valor depende de la “confianza” que le otorgan los inversores internacionales.
Una situación de estas características en un país como Turquía, mucho más sólido que Argentina, lleva a que el capital financiero que provee dinero a los países oprimidos -mediante la compra de bonos- se retire, temiendo la posibilidad de un efecto “dominó”, como ha sucedido en otras oportunidades.
La debabcle de la lira turca golpea a la ya desvencijada economía de Argentina, donde el peso está más que sobrevaluado en relación al dólar. El gobierno debe hacer malabares para evitar su devaluación brusca a pocos meses de las elecciones legislativas, porque de suceder, causaría un rebrote de la inflación y el consiguiente deterioro del poder adquisitivo.
El peso argentino cierra una semana negra. El Banco Central tuvo que desprenderse esta semana de 730 millones de dólares de sus reservas, que llevan meses en rojo, para sostener el valor de la moneda. Los operadores han comenzado poco a poco a deshacer de sus posiciones en pesos, inquietos porque un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional incluya como condición un nuevo esquema cambiario que termine en una devaluación[2].
A pesar del triunfo pírrico en el acuerdo con el FMI, el gobierno está cada vez más débil, una realidad que se expresó en las movilizaciones y cacerolazos de apoyo a los jubilados. El control de la calle, que Milei presentaba a los dueños del mundo como moneda de cambio, ya no existe, porque la combativa movilización del 12 de marzo hizo explotar por los aires este activo gubernamental.
Esta situación se puede acelerar si las luchas empujadas por los jubilados continúan creciendo y el paro de la CGT -más allá de las intenciones nefastas de sus dirigentes- se convierte en una acción contundente a lo largo y a lo ancho del país. La izquierda debe hacer todo lo posible para que esa huelga, además de masiva, se transforme en activa.

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