Desmintiendo la guerra contra el narco. Un análisis sobre la propaganda de las autoridades mexicanas y estadounidenses.
Por Jorge Arboleda, Corriente Comunista Revolucionaria, 13
de marzo de 2025, www.bit.ly/ccrimexico
Antes de que Felipe Calderón declarara la guerra al narcotráfico en diciembre de 2006, al pueblo de México nunca le pareció que las drogas o los llamados "cárteles" fueran un problema mayor. Muchos asesinatos políticos en los 80s y 90s fueron atribuidos en primera instancia a grupos del narcotráfico, por lo que en el imaginario público era plausible que personas el cardenal Jesús Posadas Ocampo, quedaran atrapados en el supuesto fuego cruzado por un enfrentamiento entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel de los Arellano Félix, o que políticos como Luis Donaldo Colosio o Francisco Ruiz Massieu fueran víctimas de gatilleros del crimen organizado, y no de Raúl Salinas de Gortari como se supo después en el caso de Ruiz Massieu, ya que era sabido que estos grupos normalmente portaban armas, debido a la clandestinidad de su negocio y que eran recurrentemente perseguidos por el Estado o por sus rivales.
Ya por el caso del cardenal Posadas, el gobierno detuvo a El Chapo Guzmán en 1993 (la primera de tres veces), supuestamente localizado en Guatemala, a pesar de que las autoridades guatemaltecas negaron completamente ese hecho. El caso emblemático del agente de la DEA Enrique Camarena es otro ejemplo, pues muchos años se dijo por parte del gobierno mexicano y de la misma DEA que su asesino era Felipe Caro Quintero, líder del Cártel de Guadalajara, versión que sostienen hasta la fecha, a pesar de que mismos agentes de la DEA como Héctor Berrellez descubrieron que su verdadero asesino era más seguramente un agente de la CIA, por descubrir el entramado entre dicha agencia, la SEGOB y el Cártel de Guadalajara para financiar, entrenar y armar a un grupo paramilitar que sería enviado a Nicaragua a combatir contra la revolución sandinista.
Pero a pesar de la mala fama que tenían los narcotraficantes en México, nunca fue parte del imaginario colectivo que estos tuvieran ejércitos enteros a su disposición, armas de alto calibre de uso exclusivo del ejército, vehículos transformados en tanques, cohetes anti aéreos, ni un control tan profundo de la política mexicana, ni mucho menos que tuvieran imperios multinacionales de producción y trasiego de droga. Pero después de ese decreto de 2006, todo cambió. (Leer todo)

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