Unos días antes del golpe de estado de 1976, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) contaba con aproximadamente 4.000 militantes, siendo una de las organizaciones trotskistas más influyentes del mundo. Durante la dictadura el PST continuó, clandestinamente, activando en los lugares de trabajo, estudio y barrios obreros sosteniendo diversas tácticas y publicando su periódico. Mi ingreso a esa organización data del año 1974, habiéndome acercado a través de la campaña electoral.
En ese contexto, durante el gobierno militar, mi trinchera fue el Ferrocarril General Roca, al que llegué -1979- luego de haber militado en el frente barrial. Eran años en que la conducción partidaria, liderada por Nahuel Moreno, extendió su trabajo internacionalista desde Colombia. Una de las campañas más importantes que desde ese país se organizó fue el desembarco de la “Brigada Simón Bolívar”, que intervino en la Revolución Nicaragüense, al frente de la cual se ubicaron dos camaradas argentinos: Miguel Sorans y Nora Ciappone.
Antes de ingresar al ferrocarril, en el barrio de Villa Pueyrredón, organizamos con compañeros y compañeras de esa zona una peña para recaudar fondos para sostener a la brigada, un evento de carácter clandestino debido a la durísima represión de la dictadura militar, que de esa manera continuaba la obra contrarrevolucionaria iniciada por el gobierno peronista - con Juan Domingo Perón primero e Isabel Martínez de Perón después - masacrando a lo más granado de la vanguardia obrera y estudiantil que surgió a partir del Cordobazo.
El PST perdió más de 100 compañeros y compañeras, ya que el gobierno del Proceso no sólo prohibió su accionar, sino que lo proscribió, ubicándolo en el mismo plano que el de las organizaciones político/militares, como el PRT, el ERP o los Montoneros. Sin embargo, y a pesar de los ataques, persecuciones y secuestro, nuestra actividad militante continuó desarrollándose, organizada alrededor de periódicos que fueron cambiando de nombre -La Yesca, Opción y Palabra Socialista- con los que llevamos la voz del socialismo a la clase trabajadores y el pueblo.
Para eso, organizábamos reuniones políticas en casas “no quemadas” e incluso a veces en ciertos bares, donde intercambiábamos los materiales políticos de propaganda y agitación, que llevábamos camuflados en paquetes de cigarrillo, de yerba u otros productos, tratando de que pasen desapercibidos a los ojos de los uniformados y las patotas de la dictadura. En esos encuentros clandestinos se discutía la situación mundial y nacional, armándonos para la organización de campañas políticas generales e intervenciones tácticas específicas, especialmente al interior de los lugares de trabajo.
Fue tal la represión contra el PST, que cuando cayó la dictadura, en 1982, su nombre continuó proscripto, razón por la cual se llevó adelante una discusión interna para adoptar otro y, de esa manera, poder participar en las elecciones democrático burguesas que se avecinaban. De allí surgió el viejo MAS, que creció transformándose en una fuerza nacional importante, con más de mil locales a lo largo y a lo ancho del país. La experiencia de este partido, más allá de sus límites, que lo llevaron a explotar y entrar en una crisis terminal en los 90, debe ser tomada en cuenta para construir, de acá en más, el Partido de Trabajadores y Trabajadoras que reclaman las actuales circunstancias.
Por esto e independientemente de las críticas políticas, teóricas y programáticas que hemos realizado -tanto al PST como al viejo MAS- desde nuestro partido, Convergencia Socialista, nos sentimos parte de esta corriente, razón por la cual cada 24 de marzo recordamos -con admiración- a nuestros y nuestras camaradas que cayeron peleando por la construcción de una sociedad verdaderamente justa y equitativa, una Sociedad Socialista. ¡Compañeros y compañeras, hasta el Socialismo!

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