La asunción de Trump y su discurso proteccionista, una pésima noticia para Argentina y las semicolonias


Por Damián Quevedo

Donald Trump asumió su segundo mandato con un discurso marcadamente nacionalista, a través del cual sostuvo que impondrá aranceles a México y Canadá, endurecerá las leyes migratorias, y, sobre todo, que recuperará el Canal de Panamá, ya que, según sus argumentos estaría siendo usufructuario por los chinos. 

En el mismo sentido, y siendo consecuente con su prédica “norteamericanista”, dio algunas definiciones con respecto a la situación económica que atraviesa Estados Unidos, señalando, que, para salir de la crisis, incrementará una política proteccionista muy dura. 

“La crisis inflacionaria fue causada por un gasto excesivo masivo y por el aumento de los precios de la energía, y es por eso que hoy también declararé una emergencia energética nacional. Perforaremos, cariño, perforaremos”, dijo el mandatario. “Volveremos a ser una nación rica, y es ese oro líquido bajo nuestros pies el que ayudará a lograrlo con mis acciones”, adelantó[1]. 

Esta línea no solo afectará directamente a los países sobre los que anunció impuestos a las importaciones -México, Canadá y China- sino que golpeará al resto, más allá de que tengan o no relaciones comerciales con la gran potencia del norte. Es que, el impulso que pretende darle Trump a la producción propia, ejercerá presión sobre el precio del crudo afectando a los países cuya productividad es menor que la de los yanquis. 

Este punto es crucial para la magra economía de Argentina, ya que Milei, al igual que sus antecesores, tiene depositadas sus esperanzas en la producción de Vaca Muerta. Trump intentará bajar la inflación de su país con el incremento de la producción petrolífera, que, de concretarse, significará una baja sustancial en los costos de la industrial y el transporte, que, para funcionar, utilizan combustibles derivados del petróleo. 

Siempre, el nacionalismo de los opresores afectó negativamente a las semicolonias, como Argentina, que son, en definitiva, las que pagan los platos rotos de las crisis de los poderosos. Mucho más, en el actual período de guerra comercial entre potencias, en el cual, cada una de estas, para combatir a su rival, exprime a fondo todas las regiones que dominan, política, comercial y militarmente. 

Por lo tanto, lo que está sucediendo en Estados Unidos, igual que en China, donde resuenan con más fuerza los tambores de la guerra inter imperialista, son noticias muy malas para los planes de Milei. El libertario, igual que Menem, está convencido de que, por ser “amigo” -más bien lacayo- de Trump, podrá recibir alguna de las migajas que se caen de la mesa del banquete de los dueños del mundo. 

El proteccionismo yanqui profundizará la recesión económica argentina y mandará a la quiebra a cientos, quizá miles, de empresas, consolidando el carácter de productor de materias primas de nuestro país. Esto significará más hambre, desocupación, salarios a la baja y todas las miserias que provienen de un país desindustrializado. 

Para revertir ese proceso, no solo hay que echar a patadas a Milei -con otro Argentinazo- sino a todos los políticos patronales -peronistas, radicales, macristas, etc.- que, a pesar de sus diferentes matices, trabajan para ocupar el sillón de virrey que hoy ocupa al jefe de la Libertad Avanza. La segunda y definitiva independencia nacional solo podrá ser conquistada por la clase trabajadora y el pueblo con una dirección revolucionaria a la cabeza.


[1] La Nación 20/01/2025

Volver a página principal

Comentarios