El retroceso discursivo del gobierno frente a la marcha del 1F y la sangría interna de LLA: signos claros de su debilidad y decadencia

 


Por Ernesto Buenaventura

Antes de concretarse, la movilización convocada para el sábado 1 de febrero -a raíz del discurso homofóbico y supremacista del presidente argentino- ya logró una victoria: el retroceso discursivo del gobierno, cuyos funcionarios continúan tratando de explicar que Milei no dijo lo que dijo, sino que las declaraciones discriminatorias están “sacadas de contexto”. 

Este retroceso discursivo es propio de un espacio político y de un gobierno que no está sostenido firmemente sobre instituciones sólidas. Por esa razón, sus declaraciones y propuestas, que están subordinadas a los vaivenes de la opinión pública, cambian para uno u otro lado cada vez que se topan con una reacción social adversa, como sucedió con las multitudinarias marchas universitarias. 

De la misma forma que aquellas, esta convocatoria funciona como catalizador de todas las luchas parciales y la bronca generalizada. Sin embargo, a diferencia de los conflictos por despidos y cierres de fábricas -que todavía no han alcanzado relevancia nacional- esta protesta tiene un carácter claramente político. Es que, al igual que las movilizaciones universitarias, logró unificar a amplios sectores en un acto contra el gobierno. 

Como resultado indirecto de la convocatoria del primero de febrero, también entra en crisis el núcleo libertario, ya que estalló una nueva purga dentro del partido gobernante, cuya víctima es, nada menos, que uno de sus principales dirigentes, Ramiro Marra. Este personaje, fue, junto a Sergio Massa, uno de los constructores de la figura de Milei, un verdadero cruzado de las “fuerzas del cielo”. 

Según afirman en el gobierno, el desencadenante fue la votación en la Legislatura porteña, donde contribuyó a la aprobación del Presupuesto local junto a los representantes del jefe de Gobierno Jorge Macri, protagonista de un duro tironeo con el gobierno nacional, y sobre todo con su "jefe" en el distrito, la hermanísima Karina Milei[1]. 

Pragmatismo y moderación 

Ante cada embestida ultra reaccionaria del presidente, horas después se produce un volantazo hacia la moderación, con funcionarios que salen a ponerle paños fríos al asunto en cuestión. Este cambio de actitudes pone en evidencia que en este país no hay lugar para medidas políticas reaccionarias como las que pretenden imponer Milei y sus aliados. 

El proceso de mutación que está viviendo La Libertad Avanza, que, mientras atrae a dirigentes del resto de los partidos patronales, expulsa a muchos de los propios, terminará dando lugar a una fuerza política mucho más pacata y centrista que la que se imaginaron sus fundadores, una organización más de la “casta” que cuestionaron en sus comienzos. 

Esta evolución, lejos de fortalecer al partido de Milei, colaborará con su destrucción, porque, en definitiva, terminará siendo visto por la mayoría como más de lo mismo. Los nuevos integrantes del oficialismo provienen de la UCR, el PRO y el Peronismo, nada más viejo y decadente que estos partidos.   

El préstamo del FMI puede darle algo de sobrevida al gobierno, pero muy poca, quizá para pasar con cierto éxito las próximas elecciones legislativas. Sin embargo, la tendencia general, debido a la incapacidad de resolver la crisis, la brutalidad del ajuste y estas mutaciones, es al desbarranque, una dinámica similar a la que se llevó puestos a otros gobiernos. 

La izquierda revolucionaria debe prepararse para enfrentar esa situación, que traerá consigo a nuevas rebeliones obreras y populares, cuyas bases están huérfanas de dirección, ya que el peronismo y las burocracias sindicales -las que pertenecen a la CGT y a la CTA- están dejando correr o apoyando directamente al plan de la motosierra.



[1] Página12 30/01/2025

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