El imperialismo chino apretó el acelerador de la inteligencia artificial y ganó varias posiciones en la guerra comercial


Por Damián Quevedo

China está superando al ChatGPT de los yanquis, a través de la plataforma de inteligencia artificial, AI, DeepSeek. En menos de una semana, su producto superaró -en cantidad de descargas- a la plataforma creada por la empresa estadounidense Open AI, impulsando la caída en Wall Street de Open AI, Nvidia y Meta. 

Según los voceros de la empresa china, su modelo fue entrenado durante 55 días con un presupuesto de 5,57 millones de dólares, utilizando procesadores gráficos H800 de Nvidia (este no es uno de los microchips más avanzados de la empresa y por lo tanto es más económico). La cifra es apenas el 10 por ciento de lo invertido en el entrenamiento de ChatGPT 4 (esto implica la contratación de miles de personas a bajo costo haciendo trabajos monónotos frente a la pantalla que van “educando” a la IA). 

Además, ChatGPT y DeepSeek cobran por sus servicios sin límite, pero con una gran diferencia: Lo que en ChatGPT cuesta 15 dólares, DeepSeek lo ofrece de manera similar por solo 0.14 dólares. Detrás de DeekSeek está la empresa de inversiones Huanfang Quan[1]. 

El secreto del acelerado desarrollo chino está en la combinación única de mano de obra calificada y salarios baratos para el capital. Esto permitió al país asiático convertirse en una potencia imperialista que ya superó a EEUU en varias ramas de la producción y ocupa la mayor parte del mercado mundial. 

El nivel de acumulación de capital de las empresas chinas les permite una práctica común a los grandes monopolios, que es la de inundar el mercado con productos baratos, incluso por debajo de su costo de producción. Con esta política pueden eliminar a la competencia, mientras solventan las pérdidas con ganancias obtenidas en otras ramas de la producción o con el capital acumulado. 

La nueva IA china es un claro ejemplo del capital desarrollado en ese grado y de las características propias del capital imperialista de la gran potencia asiática. La súper explotación de la fuerza de trabajo, el desarrollo de la técnica y los salarios bajos, constituyen una enorme palanca para el desarrollo capitalista. 

El imperialismo chino ya superó a EEUU en las dos ramas de la producción que hasta hace poco eran patrimonio intocable de los yanquis, las industrias de automóviles eléctricos y la inteligencia artificial. Esta es la causa del agresivo discurso de Donald Trump, que quiere finalizar los conflictos bélicos en Ucrania y Palestina para concentrar sus cañones sobre Xi Jinping. 

La aceleración de la guerra comercial puede empujar a las grandes potencias a una guerra abierta, mucho más rápido de lo que se espera. Los revolucionarios y las revolucionarias, además de luchar contra esta perspectiva, que, de concretarse, sería peligrosísima la vida humana, deben impulsar la movilización por la liberación de los pueblos contra la opresión de todos los imperialismos. 



[1] Página12 27/01/20225

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