Baja circunstancial de las retenciones, pan para hoy y hambre para mañana en la mesa de los libertarios
La baja temporal de las retenciones a la soja y otras materias primas es una medida desesperada del gobierno nacional, que temía otro conflicto como el de la 125, que tuvo lugar durante el gobierno de Cristina Kirchner en 2008.
Frente a la
pérdida de la recaudación del Impuesto PAIS de un equivalente a 1,44% del PBI
este año, que ya hacía prever un considerable esfuerzo para recuperar los
recursos, el Gobierno agregó otros u$s800 millones de caída de recursos por rebaja
de retenciones al campo. La
cifra va a representar una importante mejora del precio para los exportadores[1].
En un contexto de sequía y con precios internacionales que recién ahora llegaron a los 400 dólares la tonelada, los capitalistas no estaban dispuestos a liquidar la cosecha. Ante esta posibilidad el gobierno decidió un “toma y daca” con el campo, ya que el beneficio de la reducción impositiva -que será solo hasta junio- solo se concreta si se liquida antes de los próximos 15 días, así el Estado obtiene momentáneamente divisas de esas exportaciones.
Este es un sello de la política económica del dúo dinámico, Milei-Caputo, la resolución del momento sin ningún plan para el mes siguiente. La economía nacional estuvo sostenida durante el primer año de gobierno libertario gracias al blanqueo de capitales y un aumento de la toma de deuda.
Ahora, Milei contará con algunos verdes más, debido a esta baja circunstancia de las retenciones, que, además, tendrá fuertes repercusiones los precios internos, ya que la baja impositiva aumentará el flujo de exportaciones, reduciendo el stock para el mercado local, con la consecuente presión sobre los precios.
Esta medida no producirá ningún repunte de la economía de Argentina, no solo porque su efecto será efímero, sino porque el contexto internacional se agravó luego de la asunción de Donald Trump y su política proteccionista, que castigará a los países semicoloniales.
Por lo tanto, todo indica que el país marcha hacia una nueva crisis económica, que, como todas las anteriores, provocará un aumento de las contradicciones inter burguesas y la conflictividad social, el marco en el que tendrán lugar rebeliones muy radicalizadas.

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