Navidad con un industricidio en marcha, que provocará miles de despidos, rebajas salariales y un aumento salvaje de la explotación laboral
La política
económica de Milei está acelerando el proceso de destrucción de la industria
local, debido al ingreso de producción china y la forzada apreciación del peso.
De esta manera, la economía nacional se ha vuelto mucho menos competitiva con su
principal socio regional, Brasil.
En concreto, la devaluación del real y la
apreciación del peso modifican el panorama comercial ya que los
bienes y servicios producidos en Argentina se encarecen respecto a aquellos
elaborados en el país vecino. Si bien se abaratan los costos para los
veraneantes argentinos que eligen las playas brasileñas como destino, el tejido
productivo y exportador sufre por la pérdida de competitividad[1].
Uno de los
sectores más afectados por la crisis económica continúa siendo el industrial:
en lo que va del año cerraron 16.500 pymes, según informó el Frente Productivo
Nacional. La caída del consumo interno, el aumento de los costos de servicios y
la dificultad
para exportar
debido a un dólar poco competitivo fueron tres de los factores que generaron
este panorama preocupante. La CAME estima una caída
del 13,2% en las ventas de comercios pymes, una cifra alarmante que refleja el impacto de la
recesión sobre el consumo.
Este dato se complementa con el cierre de 10.000 kioscos y almacenes y con la pérdida de 160.000 puestos de trabajo en el sector. La crisis se profundizó en el segundo semestre del año, según advirtió la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales para el Desarrollo Argentino (ENAC). Entre julio y octubre, otras 6.500 empresas dejaron de operar, sumándose a las 10.000 que ya habían cerrado en el primer semestre[2].
Sin embargo, esto
es apenas el comienzo de un proceso -que se irá agravando- ya que todavía no se
sienten los efectos más devastadores de la invasión de mercancías chinas. La
apertura, en un contexto internacional como el actual, en el que se cierran
mercados debido al proteccionismo generalizado, acabará con buena parte de la
industria argentina.
El cierre de empresas significará, para los trabajadores, cientos de miles de despidos y una presión fenomenal para que se rebajen los salarios y se precaricen las condiciones laborales de aquellos y aquellas que tengan la “suerte” de conservar sus puestos de trabajo.
Como sucedió muchas veces, la clase obrera saldrá a luchar contra estas políticas patronales. Pero, estos combates serán mucho más intensos que los anteriores, ya que la ofensiva capitalista es mucho más salvaje. Para enfrentarla, la clase trabajadora tendrá que recurrir a la democracia directa y los métodos de lucha más radicalizados, como los piquetes de autodefensa, que la izquierda y los sectores combativos deben promover desde ahora mismo.
La contundente
respuesta que dieron los trabajadores y el pueblo del norte de Salta, que
enfrentaron a la gendarmería de Bullrich y el gobernador peronista, es un
adelanto de lo que se viene.

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