Por Damián Quevedo
En
medio de la feroz interna del gobierno nacional, han aparecido nuevas y
escandalosas noticias de enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y corrupción
que involucran a funcionarios oficialistas y a algunos de los principales
aliados del gobierno.
La interna va en paralelo con el
escándalo en la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). Y está tan a
punto de salir a la superficie que incluye todo en la conversación, no sólo el
escándalo por las propiedades no declaradas del jefe de la DGI, Andrés Edgardo
Vázquez, sino hasta detalles que en otro organismo resultarían insignificantes.
Por ejemplo, el Rolex Submariner
con el que Juan Alberto Pazo, director ejecutivo de la ARCA y jefe formal de
Vázquez, le dio en la red interna la bienvenida al personal no bien asumió, la
semana pasada. ¿Hacía falta, comentan los empleados, cuando lo que se propone
Pazo es llevar adelante un ajuste?[1]
Junto
a este escándalo nacional estalló otro, que afecta a uno de los cuadros
principales del macrismo, “Pucho” Cristian Ritondo, que fue denunciado por sus
ex aliados de Cambiemos por lavado de dinero.
La esposa
del diputado Cristian Ritondo fue
señalada, en una reciente investigación periodística, por su activa
participación en una intrincada red de sociedades off shore y fideicomisos que
vinculan al matrimonio Ritondo con bienes que suman más de 2,6 millones de
dólares, adquiridos mediante operaciones vinculadas a jurisdicciones como las
Islas Vírgenes Británicas, Delaware y Florida ( EEUU ), lugares en los cuales,
como es sabido, la existencia de sociedades lícitas y genuinas deben contarse
con los dedos de una mano ( “Sustar Point Ltd”; “Goformore LLC”; “Fideicomiso
Warnicke Trust” )[2].
En el fondo, ninguna de estas noticias es una novedad, ya que Milei, que pretende llevar adelante las políticas implementadas por Menem durante la década del 90, está copiando al pie de la letra otra de las características del menemato, la corrupción.
Esto demuestra que la “lucha contra la casta” de Milei es una farsa tan grande como las promesas de “salariazos” o “revolución productiva” del riojano más famoso. Es que, para implementar el plan motosierra, la Libertad Avanza tiene que apoyarse en gente inescrupulosa, que, además, quiere formar parte del negocio.
Sin embargo, esta obscena demostración de riquezas frente a un pueblo que se empobrece cotidianamente, es leña en el fuego de la bronca, que, tarde o temprano, estallará contra el gobierno. ¡Cuando las masas hagan tronar el escarmiento, las rebeliones que se aproximan serán mucho más radicalizadas que las anteriores!
La paciencia de la clase obrera y el pueblo pobre se
terminará pronto, porque su duración está ligada a una cuestión más que
concreta: la posibilidad, o no, de que el gobierno recupere el poder
adquisitivo que perdió la mayoría del pueblo en estos últimos meses, algo que
no sucederá.

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