Autorización para que las fuerzas armadas repriman al pueblo: el operativo Independencia de Milei y sus cómplices
En
febrero de 1975, un año antes del golpe militar, el gobierno peronista de
Isabel Martínez firmó el decreto que daba plenos poderes al ejército para
operar en la provincia de Tucumán. El denominado “Operativo Independencia” fue
anunciado con un propósito determinado: aniquilar a la guerrilla,
particularmente a la columna del ERP que se había establecido en el monte
tucumano.
Sin
embargo, el objetivo de Isabelita y el ejército era otro, ya que el
aniquilamiento de la guerrilla era una tarea relativamente fácil. Los de arriba
pretendían aplastar a la vanguardia obrera. Esa estrategia comenzó con el
aplastamiento del activismo combativo de los ingenios azucareros y continuó en
el resto del país.
De
una u otra manera, Javier Milei quiere reeditar esa política, para lo cual ha
decidido ir en contra de las principales conquistas democráticas del pueblo
argentino, que, desde la caída de la dictadura militar, no permitió ninguna
intervención del ejército en los asuntos internos del país.
El Gobierno derogó este viernes un
decreto firmado en 2006 por Néstor Kirchner que restringía "por un sesgo
ideológico" el accionar de las Fuerzas Armadas únicamente a las
agresiones externas que provengan las fuerzas de un Estado extranjero. El nuevo
marco regulatorio establece que podrán intervenir ante amenazas provenientes
del terrorismo y, también, colaborar en el control de fronteras[1].
Las amenazas provenientes del “terrorismo”, que menciona el nuevo decreto, han sido y continúan siendo un eufemismo para referirse a cualquier forma de rebelión o resistencia obrera y popular. Esta iniciativa reaccionaria aparece en un contexto en el que comienzan a aparecer gérmenes muy radicalizados de lucha, como los que tuvieron lugar en Misiones, Corrientes y, recientemente, en el norte salteño.
La rebelión avanza, como en otras oportunidades, de la periferia al centro, no casualmente en regiones explosivas, como el norte de Salta, que fue la cuna del movimiento piquetero más avanzado. Por esa razón, al igual que en la época de Isabel Perón, la preocupación gubernamental no es el “terrorismo”, sino las luchas de la clase trabajadora y el pueblo pobre.
La izquierda debe tomar nota de todo lo que está pasando, y, en vez de hacer crónicas en las que destaca la “brutalidad” represiva del gobierno, tiene que ponerle el acento a la radicalización de las nuevas vanguardias, algo que ha sucedido, tanto en Misiones como en Salta, donde miles de laburantes no tuvieron ningún prejuicio en enfrentar a las fuerzas represivas con los métodos tradicionales del movimiento de masas.
¡Democracia
directa y autodefensa deben ser, en ese sentido, dos de las consignas o tareas
principales que la izquierda tiene que alentar! No nos queda ninguna duda, que,
igual que en otros procesos revolucionarios, son el germen del poder obrero y
popular que puede reemplazar, revolución mediante, al poder de los capitalistas.

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