Netanyahu, cada vez más cerca de una derrota humillante

Por Fran Gómez

Este domingo, Israel sufrió un espectacular ataque por parte de las milicias chiitas de Hezbolá, que dispararon cientos de misiles y drones que impactaron en ciudades del Norte, principalmente Haiffa, aunque también llegaron a Tel Aviv y otras localidades del centro. 

Muchos de estos proyectiles, que no fueron interceptados, causaron decenas de heridos y grandes daños materiales. Al mismo tiempo, el intento de asesinar a uno de los más altos mandos militares de Hezbolá, Muhammad Haydaren -con un bombardeo a Beirut que masacró a varios civiles- fracasó rotundamente. 

En el sur del Líbano, las fuerzas de la ocupación tuvieron que abandonar una colina estratégica en la costa de al-Bayada, un repliegue, que, probablemente, haya causado gran cantidad de bajas. El ejército oculta estas cifras relacionadas, porque golpean la moral de los uniformados y hacen retroceder la tasa de alistamiento de nuevos reservistas, que continúa incrementándose. 

Este proceso de desmoralización empuja la lucha de distintos sectores de la sociedad israelí, que siguen movilizándose contra Netanayu, especialmente en las capitales, donde los judíos ultraortodoxos mantienen su negativa a formar parte de las tropas. Otro elemento crítico, es la actitud, cada vez más radicalizada, de los colonos que impulsan la instalación de nuevos asentamientos, debido a lo cual han llegado a enfrentarse con la policía del gobierno.   

Se comenta, que, luego de estos golpes, Netanyahu habría dado luz verde para la implementación de un cese de las hostilidades con Hezbolá, en base a una propuesta de los Estados Unidos, basada en la resolución que impuso la ONU luego de la derrota israelí en la segunda guerra del Libano en 2006. Según ésta, las milicias chiitas tendrían que replegarse a unos 30 km al norte de la frontera, entregando esa región al ejército libanés. 

The Times of Israel informa, que, de concretarse el acuerdo, este no incluiría la conformación de una especie de buffer o colchón en esa zona, ya que los pobladores desplazados volverían a sus domicilios, lo cual constituiría un durísimo golpe a las ambiciones anexionistas de la extrema derecha sionista. Cualquier ataque, por parte de Israel, contra Hezbolá -dentro de territorio libanés- sería considerado una violación del pacto, que, para llevarse a cabo, sería controlado por un comité conformado por representantes de Francia y Estados Unidos. 

A pesar de que el cese al fuego en Gaza no sería vinculante a esta tregua, de concretarse, sería realmente humillante para Netanyahu y sus secuaces. Por eso, el ministro nacional de seguridad Ben Gvir -tan criminal de guerra como su jefe político- declaró que sería un “grave error firmarlo, y que, por lo tanto, hay que “continuar hasta la victoria total”. Una declaración parecida a la que emitieron los alcaldes de Metula y Kiryat Shmona -norte de Israel- que lo caracterizaron como una verdadera “rendición”.   

Estos grandes avances de la resistencia, que, si se lleva adelante el acuerdo, se profundizarían mucho más, debilitan al Estado genocida de Israel y alientan la lucha de los oprimidos del mundo árabe y palestino, que cuestionan cada vez más la política conciliadora de sus gobiernos para con el régimen comandado por Netanyahu. Con el retroceso israelí, la relación de fuerzas entre las clases, en términos generales, se está volcando del lado de los y las de abajo.

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