Los progres kirchneristas crearon otro gran veneno, el trigo transgénico HB4, otro avance en la primarización económica
Por Juan Giglio
En mayo de 2022, durante el gobierno de Alberto Fernández, la compañía Bioceres -donde son accionistas Hugo Sigman y Gustavo Grobocopatel- celebró que sus semillas HB4 fuera autorizadas en China y Australia. Son productos transgénicos resistentes a la sequía y al agrotóxico glufosinato de amonio, un herbicida más perjudicial para el medio ambiente y los seres humanos que el glifosato. La renombrada científica del Conicet de Santa Fe, Raquel Chan, desarrolló estos transgénicos en Santa Fe, en la Universidad del Litoral.
Se trataba de la primera vez que China aprobaba un producto transgénico argentino de estas características, resistido por productores, acopiadores y organizaciones ambientales en nuestro país y en Brasil, principal comprador de la Argentina. El glufosinato de amonio en cuestión, ha sido prohibido para uso agrícola en la Unión Europea.https://agenciatierraviva.com.ar/el-gobierno-y-bioceres-festejan-china-aprobo-la-soja-hb4-y-australia-el-cuestionado-trigo-transgenico/
La aprobación de este trigo en nuestro país recuerda lo que pasó en el ‘96 con la soja RR [RoundUp Ready] resistente al glifosato. En ese momento se trató del primer evento transgénico aprobado en Argentina antes que en el resto del mundo. A diferencia de otros cultivos transgénicos como el de maíz o de soja que son más de exportación, el trigo es un cereal que comemos directamente en un montón de productos.
La introducción de glufosinato de amonio en un cultivo como el trigo, aumentaría la cantidad de fumigaciones en invierno, sumándose al estimado de 500 millones de toneladas anuales de las campañas de maíz, soja, etcétera. Por otro lado, no hay razón para pensar que el glufosinato no llegará a la mesa. El transgénico quita independencia a los productores y a la libertad de circulación de la semilla, porque también van por la modificación de la ley de semillas.
El trigo HB4 fue aprobado por el Ministerio de Agricultura en 2020 bajo la condición de que, primero debía ser habilitado por Brasil para su comercialización. En 2021, a pesar de la resistencia brasilera, este país terminó dándole el visto bueno a la comercialización de harina elaborada con trigo transgénico, pero sin autorizar la utilización de la semilla.
Por su parte, la soja HB4 fue aprobada en la Argentina en 2015. Su comercialización también estaba supeditada a la aprobación de China, el mayor comprador de soja del país. El trámite de aprobación de la soja HB4 fue presentado al gigante asiático en 2016 y con la resolución que autoriza el cultivo en el país, China se suma a Estados Unidos, Brasil, Paraguay y Canadá, que ya habían aprobado el desarrollo. Dichos países representan aproximadamente el 85 por ciento de la producción global de soja.
A pesar de las restricciones comerciales, Bioceres venía sembrando tanto soja como trigo —en 2020 fueron 6000 hectáreas en cinco provincias— bajo un mecanismo de “identidad preservada”, dentro del "Programa Generación HB4". Según la empresa biotecnológica esto es “aplicando protocolos que garanticen que la producción no se comercialice ni se mezcle con otras variedades autorizadas”. Esta forma de producir bajo protocolos no se publicita e ignora las advertencias de contaminación cruzada entre granos durante el acopio o por la acción de roedores o aves.
Investigadores del Laboratorio de Ecotoxicología de la Universidad Nacional del Litoral —casa de estudio en la que también trabaja Raquel Chan— demostraron, en estudios publicados en 2013 y 2014, que el glufosinato es neurotóxico y genotóxico en anfibios. Es decir que inhibe la transmisión del impulso nervioso (por eso se lo llama neurotóxico) y afecta la división celular (genotóxico). La relevancia del estudio realizado en anfibios radica en que estos animales tienen características similares a las de los vertebrados, entre ellos los seres humanos.
Detrás de la investigación de esta semilla
transgénica está un sector importante del empresariado rural, razón por la cual
la doctora Chan - especialista en biología molecular y celular de plantas e
ingeniería genética- recibió un premio de la Fundación Bunge y Born en octubre
de 2023.
Grobocopatel -accionista de Bioceres junto con Sigman y uno de los zares de la soja transgénica- defendió este tipo de emprendimientos en una reunión promovida por las autoridades de la Universidad de San Martín, muy ligada al Movimiento Evita y a la gobernación bonaerenses: la creación de vida vegetal artificial -aún en ciernes- provocará una revolución productiva, cambiando el paradigma de urbanización y orden que acostumbramos. https://noticias.unsam.edu.ar/2015/04/07/la-unsam-reunio-a-ceos-de-multinacionales-para-debatir-sobre-sustentabilidad/
Kicillof, que defienden los intereses del empresariado agroindustrial de la Provincia de Buenos Aires, está relacionándose cada vez más con China, principal compradora de la producción de este sector capitalista. De ahí las relaciones “carnales” de él y sus defensores -Emilio Pérsico y Juan Grabois, con Grobocopatel, Sigman y otros integrantes del lobby que tiene su sede en Shangai y cuenta con socios muy importantes, como el dueño de ARCOR, Luis Pagani, el más grande productor mundial de caramelos.
Más allá de las diferencias en cuanto a formas y a los intereses que defienden -chinos, yanquis, europeos, etc.- tanto Milei como Kicillof defienden el modelo que las principales potencias del mundo, envueltas en una guerra comercial salvaje, pretenden para sus semicolonias, la primarización total y absoluta de sus economías. Esto significa un avance contundente de la desindustrialización regional y el desarrollo de grandes emprendimientos extractivistas, que destruyen el medio ambiente, como ya está sucediendo en el Amazonas o en las zonas en donde se impuso el monocultivo transgénico o la megaminería.
Para reactivar la economía nacional,
mediante un plan de reindustrialización masiva y extensiva del país, hay que
romper las cadenas de la subordinación a las distintas potencias imperialistas,
que, en esta etapa de crisis terminal del capitalismo, se vuelven cada vez más
depredadoras e inhumanas. La segunda y definitiva independencia, que debe
construirse en términos continentales, como lo soñó San Martín, sólo será
posible con la clase trabajadora a la cabeza y sin la tutela de los partidos
políticos tradicionales -peronismo, macrismo, radicalismo, liberalismo, etc.-
que juegan a favor de uno u otro imperio.
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