La ruptura de la UIA y Moyano con Milei, un quiebre en las alturas que debilita al gobierno y colabora objetivamente con la resistencia
El gobierno parece estar viviendo un “veranito”, a partir de la llegada de algunos dólares del blanqueo, los préstamos del Banco Mundial y la relativa calma social que se impuso, fundamentalmente, por la complicidad de las conducciones sindicales mayoritarias y del peronismo.
Sin embargo, esta situación, que también tuvo lugar en gobiernos anteriores, y puede durar un poco más o un poco menos, es de una quietud previa a la gran tormenta. Así sucedió con la “plata dulce” de los 70 y con el “uno a uno” del menemismo, que fueron ciclos especulativos muy cortos.
En el caso de Milei, este período puede llegar a ser aún más pequeño, porque los fondos y el capital político que lo sostienen son mucho menos importantes que los tuvieron, tanto Martínez de Hoz como Domingo Cavallo, que, para sostener sus planes vendieron, de una u otra manera, las “joyas de la abuela”.
Los Kirchner, contaron con otra herramienta, también circunstancial, los precios altísimos de las materias primas, que, convertidos en retenciones, les permitieron apalancar ciertos sectores de la industria, mediante el otorgamiento de los subsidios que Milei está tratando de podar.
A todo esto, hay que agregarle, que, en términos internacionales, la situación es más que adversa, ya que las grandes potencias, metidas en una guerra comercial cada vez más intensa, no están en condiciones de financiar el desarrollo de ninguna de sus semi colonias, más bien todo lo contrario.
En ese contexto general de puja inter imperialista y contracción económica, surge el reclamo de las fracciones tradicionales de la burguesía argentina, que piden un financiamiento que no van a tener. Estos sectores sufrirán, como nunca, la baja de aranceles para la importación de productos, que terminarán por destruir buena parte de la industria local.
La decisión del presidente Javier Milei de no participar de la 30° Conferencia Industrial que organiza todos los años la Unión Industrial Argentina (UIA) -y que se está desarrollando este martes en el Centro de Convenciones porteño- volvió a marcar esa distancia que desde hace ya varios meses empezó a percibirse entre los empresarios fabriles y el Gobierno[1].
Este frente de batalla, Milei tiene que sumarle el que se le abrió, días atrás, en la AEA, que es la cámara industrial que agrupa a las fracciones industriales más grandes, como la que lidera Paolo Rocca, de Techint, que, después de apoyar con todo al plan motosierra, salió con los tapones de punta a cuestionar la apertura del mercado para con las mercancías chinas.
Milei está rompiendo lanzas con la mayoría de los industriales, pero también con los importadores clásicos, aquellos que se tendrían que beneficiar con el ingreso de productos extranjeros, ya que estos están sufriendo la competencia de los mercados virtuales, como el de Marcos Galperín, que, no casualmente, forman parte del “círculo rojo” gubernamental.
El contexto internacional no es bueno para Milei, como sí lo fueron los anteriores, ya que en aquellos tiempos aún existían mercados para comercializar parte de la producción argentina, que, gracias a ese marco general, llegó a expandirse hacia todo tipo de destinos. Paolo Rocca es un fiel exponente de ese avance industrial, que ahora está decayendo.
La apertura que impulsan Milei y Caputo, dejará un tendal de industrias locales que no podrán sobrevivir a la competencia china. Esta perspectiva, que, inicialmente puso en estado de alerta a los capitalistas más pequeños, ahora asusta a los más grandes, que tampoco están en condiciones de competir con el gran gigante asiático.
La explosión a la que se enfrentará el gobierno no sucederá solo por un crack financiero -cuando no ingresen préstamos- sino por la reacción de una porción significativa de la burguesía argentina, que responderá a este ataque. Para eso, como es tradicional, los capitalistas afectados, se valdrán de los servicios de los burócratas ligados a sus intereses, que, para defenderlos, posarán de combativos, alentando el desarrollo de conflictos obreros y populares.
La ruptura de Pablo Moyano y sus aliados con la cúpula de la CGT, expresa, de alguna manera, esta dinámica, que, en la medida en que se desarrolle, creará condiciones excepcionales para que la clase trabajadora salga a pelear y vaya más allá de los límites que tratarán de imponer los burócratas “no dialoguistas”, que no tienen ninguna intención de ir hasta el final.
La izquierda debe prepararse para intervenir en este ascenso de las luchas, que se radicalizarán y crearán las condiciones para construir una nueva conducción política y sindical que supere a Moyano y compañía, mientras aprovecha sus amagues para poner en marcha las próximas batallas contra el ajuste y los ajustadores.
[1] Infobae 26/11/2024

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