Aunque Milei festeje, la perspectiva económica, política y social continúa siendo negra


Por Damián Quevedo


El gobierno parece haber invertido la situación desfavorable que atravesó luego de las grandes movilizaciones universitarias, ya que, en esa coyuntura política y social, la caída de la imagen de Milei fue importante.

 

A pesar de que el presidente no resolvió ninguno de los grandes problemas que continúan causando la caída a pique de la calidad de vida de la gran mayoría de la población, Milei y sus funcionarios de confianza se presentan como “ganadores”. En ese marco, tuvo lugar la presentación del “brazo armado” libertario.  

 

El triunfo de Trump, el préstamo otorgado por el Banco Mundial y los dólares que ingresaron por el blanqueo, son algunas de las causas que ponen eufóricos a los oficialistas. El Banco Mundial anunció hoy que aprobó dos nuevos proyectos para la Argentina con préstamos por US$1000 millones[1].

 

Sin embargo, estos elementos no expresan la existencia de un cambio sustancial en la situación política, social y económica del país, que los grandes maestros del marxismo denominaron “relación de fuerzas entre las clases”.

 

Es un concepto muy complejo y está compuesto de muchos elementos distintos. Entre ellos hay algunos que son muy estables, como la tecnología y la economía, que determinan la estructura de clases; en tanto y en cuanto que la relación de fuerzas esté determinada por los números del proletariado, del campesinado, y otras clases, nos estaremos fijando en factores muy estables.

 

Pero dado el tamaño numérico de una clase, la fuerza de esta clase dependerá del grado de organización y actividad de su partido, la interrelación entre el partido y las masas, el ánimo de las masas y demás. Estos factores son mucho menos estables, especialmente en un período revolucionario, y es precisamente a ellos que nos referimos[2].

 

Si bien, es crucial tener en cuenta los momentos en los que la clase dominante o el régimen avanza -como sucede en estos días- lo fundamental es caracterizar si ese avance marca la tendencia general o, si a pesar del mismo, la realidad camina para el lado opuesto. Para eso, es necesario tener una visión de la totalidad, observando la situación de manera dialéctica.

 

En ese sentido, lo primero que hay que decir, es que el contexto internacional no sufrió cambios en cuanto a su esencia. La guerra comercial entre Estados Unidos y China -que involucra al resto de las potencias- continúa siendo el factor principal que aviva la crisis argentina, ya que limita el ingreso de dólares y divide a la burguesía local, con todo lo que esto significa en el interior de los partidos patronales y la burocracia sindical, que, no casualmente, acaba de partirse, entre “dialoguistas” y “combativos”.

 

El gobierno nacional, que no hace pie con ninguna fracción capitalista de peso, viene de recibir un cachetazo importante, más bien una “trompada”, de parte de uno de los burgueses emblemáticos, Paolo Rocca, que “trazó rayas” con la política libertaria de bajarles los aranceles a las importaciones chinas.  

 

Estas divisiones entre los de arriba serán, como siempre lo han sido, el dinamizador fundamental de la lucha de clases, en un marco en el cual, a pesar de la relativa “calma”, el movimiento obrero no ha recibido ningún golpe significativo, que lo haya puesto a la defensiva o en situación de retroceso. ¡Para nada, la clase trabajadora, es, hoy por hoy, el gran rival con el que deberá confrontar el gobierno en los próximos meses!  

 

Los asalariados, de conjunto, recién comienzan a “calentar motores”, observando a Milei y sacando conclusiones de cada uno de los pasos que está dando el nuevo presidente. El ajuste, que seguirá bajando salarios, destruyendo conquistas y puestos laborales, empujará, inevitablemente, al gigante adormecido, a protagonizar la resistencia, y, en ese marco, saldar cuentas con las conducciones tradicionales, que, de conjunto, están tranzando con Milei y las patronales.

 

Las luchas que se vienen serán un terreno más que propicio para comenzar a construir una nueva dirección política y sindical de los y las de abajo, una conducción democrática y combativa que no solo se proponga derrotar las políticas del gobierno, sino hacerse cargo del poder para imponer otras, de carácter revolucionario.

 

Los revolucionarios debemos prestar atención a cada cambio en la situación política y elaborar respuestas adecuadas a ese momento específico. Por eso, aunque debamos ser cuidadosos en coyunturas como la actual, no podemos perder de vista la tendencia general de la realidad, que, en este caso, no ha cambiado en favor de los capitalistas, sino más bien todo lo contrario.

 

Entonces, más allá de las consignas o tácticas específicas que sirvan para actuar correctamente en esta coyuntura “calma”, debemos prepararnos para un período -cercano- de características revolucionarias, que pondrá en jaque a todo el andamiaje institucional que construyó la burguesía durante años para ejercer su dominio.



[1] La Nación 19/11/2024

[2] León Trotsky ¿Qué etapa estamos atravesando? 1924.

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