Paro del 30: la clase trabajadora otra vez en el centro del ring

 


Por Claudio Colombo

La comisión directiva de SUTEBA -con Baradel a la cabeza- había decidido boicotear el paro del 30, impulsado por la Multicolor. Sin embargo, los burócratas celestes tuvieron que acomodarse y decretar la huelga, debido a la presión de las bases -que, mayoritariamente, decidieron parar- y a la actitud de los otros gremios docentes, UDOCBA y FEB, que se sumaron a la medida de lucha del transporte.

Lo que sucedió con la burocracia docente, que tuvo que hacer lo que no pretendía, es una expresión de la situación social, que al radicalizarse le mete presión y divide a las direcciones conservadoras. Por eso, más allá de los tejes y manejes de estos personajes, el paro del miércoles es otra prueba de que ha comenzado a desarrollarse un nuevo y vigoroso proceso de luchas. Las rebeliones provinciales -Misiones y Corrientes- y las movilizaciones de la comunidad universitaria, incentivaron esta dinámica.

El gobierno pierde popularidad, porque los y las de abajo se dieron cuenta de que las promesas electorales de Milei -de combatir a la “casta”- no han sido más que mentiras. La bronca, que crece, empujada por las consecuencias del ajuste, está dando lugar a una nueva camada de luchadores y luchadoras, que rompió con el peronismo y sus agentes sindicales. La izquierda debe ayudar a esta vanguardia, para que se convierta en la nueva dirección política y sindical que decida llevar las luchas hasta el final.

Una dirección clasista y combativa, que se apoye en la decisión democrática de las asambleas de base y nuevos mecanismos de coordinación, para cumplir la tarea, que, hoy por hoy, no cumplen los principales sindicales y centrales obreras: unificar las luchas contra las políticas del gobierno y sus cómplices. Esta huelga, que seguramente tendrá un alto nivel de acatamiento, será un antes y un después en la realidad política y social, porque consolidará el ascenso de la clase trabajadora.  

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