Por Damián Quevedo
Durante la segunda mitad del siglo XX, el complejo militar industrial fue la locomotora de la expansión económica de Estados Unidos, siendo, en ese sentido, la rama de la industria de mayor peso en la política de todos los gobiernos de esta potencia imperialista.
Esta industria sufrió las mismas transformaciones que otras, ya que el desarrollo tecnológico impulsa la reducción de la mano de obra. Este proceso tiene consecuencias parecidas en el campo de batalla, donde muchos de los productos realizados por este sector reemplazan las tareas que antes tenía que cumplir un determinado número de soldados, como los aviones no tripulados o drones.
Desde 2004, Estados Unidos llevó a cabo más de 400
ataques con drones en Pakistán. Bajo la administración de Bush, se registraron
ataques con intervalos de 40 días y, en el mandato de Barack Obama, cada
cuatro. Para 2022, más de 20 naciones ya los habían incorporado, entre ellas
Estados Unidos, Israel, Turquía, Rusia, Irán y China.
Casualidad o no, con el estallido de la guerra en Ucrania y Medio Oriente, algunos de estos Estados le dieron un uso primordial. Más allá de EE. UU., se estima que el mercado global de drones alcanzará los 22.000 millones de dólares en 2026 y gran parte de esa cuota está directamente relacionada con su implementación en el ámbito militar[1].
En consonancia con el resto de las ramas productivas, la incorporación de las nuevas tecnologías implica un cambio en las formas de producir. En este caso, el lugar donde se realizan las mercancías -o, para decirlo con otras palabras, donde se consumen- es en la guerra, que, debido a estos cambios, ha sufrido modificaciones importantísimas en cuanto a una parte fundamental de la misma, la estrategia.
Esta modificación profunda en la composición del capital, que, al igual que en las fábricas, se produce por la combinación entre el crecimiento acelerado del uso de máquinas y la reducción cuantitativa de seres humanos, produce lo mismo que el resto de los rubros: la aceleración de lo que Marx denominó “la baja tendencial de la tasa de la ganancia”. Esta ley, según el creador de “El Capital”, es uno de los motivos centrales de las crisis cíclicas que empujan al capitalismo hacia su destrucción.
La incorporación de nuevas tecnologías destructivas, implica un aumento cuantitativo en el capital invertido junto con la posibilidad de producir una masa de mercancías mucho mayor. Aunque esta dinámica abarata su costo, la reducción de la actividad humana directa -fuerza de trabajo- provoca la caída de la tasa de la ganancia, que es la que genera el trabajo impago, a través de la plusvalía.
Entendiendo que el trabajo humano socialmente necesario es el que valoriza las mercancías y, a partir del cual, ocurre la ganancia del capital, estos avances productivos desarrollan nuevas crisis, que son, en la medida en que avanza la ciencia y la tecnología, mucho más poderosas que las anteriores. La reducción de la fuerza de trabajo, tanto en las fábricas como en la propia guerra, reduce la ganancia de los capitalistas de ese rubro, que, aunque aumentan las mismas en volumen -en términos brutos- pierden en cuanto a la relación que existe entre esta y el capital invertido.
Las potencias capitalistas, en el actual contexto crítico -de guerra comercial y recesión- deben incrementar su capacidad de combate, y, en la medida de lo posible, atacar a sus competidoras. Como lo ha demostrado la historia, la única salida que les queda para revertir, aunque sea coyunturalmente, esta debacle generalizada, es destruir las fuerzas productivas de sus rivales comerciales, a través de nuevas guerras, como las que tuvieron lugar en el siglo veinte.
El drama, para los
capitalistas, es que, esta preparación para la guerra exacerba los problemas
que generan la crisis que pretenden resolver, metiéndolos de lleno en un
círculo vicioso del cual les resulta cada vez más difícil salir, ya que estas
situaciones empujan a que ocupe el centro del ring el enemigo mortal de la
burguesía, la clase obrera. La tarea de la izquierda es entender esta realidad,
para ofrecerles a los trabajadore y las trabajadoras el programa que les
permitirá romper las cadenas de la explotación capitalista, el programa del
socialismo y la revolución.
[1] Infobae 26/10/2024

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