En la combinación desigual que facilitó el avance del capitalismo chino se encuentra la razón de su próxima e inevitable gran crisis
Por Damián Quevedo
El capitalismo chino
tuvo, en las últimas décadas, un impulso mucho más acelerado que en el resto de
sus pares en el mundo, razón por la cual China pasó de ser un país
relativamente desarrollado a convertirse en la segunda economía del mundo,
aunque en varias ramas ya superar a los yanquis.
Este proceso tuvo varios factores que lo determinaron, como el enorme grado de explotación de la clase trabajadora, que, al combinarse con el atraso relativo de la economía china, facilitó el desarrollo de una acumulación de capital mucho más rápida que en el resto de las potencias.
El brutal
disciplinamiento laboral impuesto por la dictadura del Partido Comunista -sobre
un proletariado muy calificado- se combinó con un enorme apalancamiento estatal
de la industria local y grandes estímulos para favorecer la llegada de
capitales, que aprovecharon estas condiciones para ganar fortunas.
De 2018 a 2023, el gasto en investigación y
desarrollo de China aumentó casi un 70%, logrando un impacto global al avanzar
continuamente en tecnologías de vanguardia. El año pasado, por ejemplo, China
solicitó 921.000 patentes, un 15,3% más interanual. De hecho, China tiene el
mayor número de patentes nacionales válidas del mundo[1].
El impulso de la
innovación científica y tecnológica le permitió a China pegar un salto en
cuanto a la producción de mercancías muy desarrolladas, como los
semiconductores. Esta combinación, entre atraso y vanguardia, fue la base sobre
la cual el capitalismo asiático pudo superar a las potencias occidentales en
muchas ramas industriales.
El factor
más importante del progreso humano es el dominio del hombre sobre las fuerzas
de producción. Todo avance histórico se produce por un crecimiento más rápido o
más lento de las fuerzas productivas en este o aquel segmento de la sociedad,
debido a las diferencias en las condiciones naturales y en las conexiones
históricas.
Estas
disparidades dan un carácter de expansión o compresión a toda una época
histórica e imparte distintas proporciones de crecimiento a los diferentes
pueblos, a las diferentes ramas de la economía, a las diferentes clases,
instituciones sociales y campos de cultura. Esta es la esencia de la ley del
desarrollo desigual. Estas variaciones entre los múltiples factores de la
historia dan la base para el surgimiento de un fenómeno excepcional, en el cual
las características de una etapa más baja del desarrollo social se mezclan con
las de otra superior[2].
Gracias a esta fenomenal combinación desigual, China logró crecer en las últimas dos décadas a un promedio del 10% anual. Este impulso se debió a la mano de obra barata y el relativo atraso tecnológico, es decir a la composición orgánica del capital[3], en la que predominó -durante muchos años- la fuerza “bruta” o “viva” por sobre la tecnología.
Partiendo de la ley del valor desarrollada por Marx, el
predominio de la fuerza de trabajo, de la mano de obra sobre la tecnología -
capital vivo sobre capital muerto- da lugar a la producción de una masa mucho
más grande de plusvalía en relación al capital invertido. Por esa razón, la
acumulación capitalista china -previa a la gran expansión industrial- creció muy
por encima del resto.
Este impulso, llega siempre a un punto en el que se desacelera, debido a que la acumulación capitalista exige el incremento de la tecnología en la producción. Este cambio en la composición del capital, combinado con el agotamiento de los mercados, empuja a la economía china hacia un freno relativo de su expansión y acumulación capitalista.
La locomotora asiática reduce ligeramente el ritmo. La economía China ha crecido un 4,7% anualizado en el segundo trimestre, según ha anunciado este lunes la Oficina Nacional de Estadística (ONE) de la República Popular. El incremento ha sido del 0,7% con respecto a los tres primeros meses. La actividad ha reducido la marcha con respecto al primer trimestre, cuando creció a un 5,3% interanual y al 1,6% intertrimestral[4].
Este freno se está agravando por el agujero negro inmobiliario chino, que provocó un freno en la construcción y el crecimiento de una burbuja muy superior a la que explotó durante la crisis de 2008. Por todas estas razones, para evitar caer en una gran crisis, China debe salir a conquistar mercados, profundizando la actual guerra comercial.
Esta guerra tiende a convertirse en convencional, ya que es la única herramienta con la que cuentan los capitalistas para destruir fuerzas productivas y, de esa manera, avanzar hacia la reconstrucción de un nuevo ciclo “virtuoso” de producción, como sucedió después de las dos grandes guerras. En la primera, ese proceso fue liderado por Inglaterra, mientras que, en la segunda, lo encabezó Estados Unidos… ¿Y ahora, quién lo hará?
[1] Foro económico mundial 01/07/2023
[2] George Novack, Ley del desarrollo
desigual y combinado, 1957.
[3] Relación entre el capital invertido en
medios de producción y el capital destinado a la fuerza de trabajo.
[4] El país 15/07/2024

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