El gobierno anunció el cierre de la Afip y la creación de nuevos organismos encargados de controlar la recaudación y la aduana. DGI y ARCA serán las siglas de este recambio, aunque a cargo de la supervisión de los gravámenes aduaneros continuará Florencia Misrahi -ex asesora legal de Cargill- que venía actuando como titular de la Afip.
No es casual que una ex empleada de esa multinacional, una de las principales dentro del rubro cerealero, se encargue de controlar a los grandes monopolios, como el propio Cargill. Es que el gobierno, con su política de “liberalización” del comercio exterior, pretende dejar el gallinero en manos de los zorros más voraces, para que se lleven todo sin dejar ni un dólar en Argentina.
La disolución de la Afip nada tiene que ver con la supuesta política de “recorte” de Milei. Es una concesión a los monopolios, para facilitarles la realización de sus negocios multinacionales, una política que va de la mano del dólar barato que les permite llenar el país con productos fabricados en Asia.
Sin embargo, y muy a pesar de esta apertura inédita a la voracidad de los grandes capitalistas, las perspectivas económicas siguen siendo malas, una situación que señala el mismísimo FMI:
El Fondo Monetario Internacional mantuvo sus malas proyecciones para la economía nacional. En su informe de Perspectivas de la Economía Mundial, ratificó que espera que el PBI de Argentina registre este año una caída del 3,5%, que se revertiría con una mejora del 5% para 2025. En cuanto a la inflación, el organismo apuntó a un 139% en 2024 y anticipó una fuerte desaceleración del 45% anual para finales de 2025[1].
El ajuste de Milei es, evidentemente, insuficiente para los capitalistas, que necesitan otro tipo de garantías para consumar sus planes a largo plazo, como disciplinar a la clase trabajadora argentina, que, a pesar de su relativa pasividad, continúa siendo una de las más rebeldes del planeta.
Los capitalistas tienen miedo de que el ajuste la despierte y convierta en el enemigo al que no quieren enfrentar, porque saben que pueden perder por goleada. Este es el gran fracaso de Milei, que no puede frenar al movimiento estudiantil y a los sectores de la clase obrera que comienzan a mostrar signos de rebeldía, como la evasión en el transporte público con los saltos de los molinetes.
[1] Página12 22/10/2024

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