Aumenta la crisis en las alturas y la presión social

 


Por Damián Quevedo

El presidente Javier Milei le pidió la renuncia a la ministra de relaciones exteriores, Diana Mondino, luego del voto contra el bloque de Cuba, por parte de la representación argentina en la ONU. 

El vocero presidencial Manuel Adorni confirmó que el reemplazante es el actual embajador en Estados Unidos, Gerardo Werthein, de excelente relación con los hermanos Milei. Fuentes de la Casa Rosada indicaron que fue una orden directa del presidente. “Votó mal”, decían y daban por cerrado el tema en la sede de Gobierno donde primero hubo sorpresa por la decisión. No avisó que iba a hacer eso, dijo otra fuente del Gabinete[1]. 

Este nuevo despido dentro del gobierno tiene mucho que ver con el contexto en el que se produjo, ya que la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha producido realineamientos, tanto en las filas del oficialismo como en la oposición, una situación que se expresó de manera brutal dentro del PJ.   

Milei, como señalamos en notas anteriores, no es un agente “orgánico” de uno u otro burgués local o de alguna potencia imperialista, más allá de que ha tratado de ganarse un lugar como lacayo de Estados Unidos e Israel. A pesar de sus esfuerzos, los yanquis no le largaron ni un solo dólar, razón por la cual comenzó a mirar con simpatía a los “comunistas malvados” de China. 

Sin embargo, la pelea entre una y otra potencia por el patio trasero, no es una cuestión lineal o cerrada, como se puso de manifiesto luego de la votación de la ONU. Pareciera que el “error” de Mondino y sus diplomáticos de confianza, fue aprovechado por los yanquis para avanzar un casillero, ubicando a un personaje de suma confianza para Washington, Gerardo Werthein, quien venía actuando como embajador argentino en ese país. 

Otro asunto que “desveló” a Milei y el stablishment vernáculo, ha sido el paro del transporte y la docencia, que, por más limitado que haya sido, expresa la dinámica de la clase trabajadora, que calienta motores para enfrentar al ajuste y los ajustadores con los métodos que le han servido para echar a patadas a más de un gobierno en el pasado.   

Tan fuerte es este proceso, que se está incubando en las fábricas, las escuelas, la universidad y los barrios, que la presión de las bases empujó a un sector de la burocracia sindical docente -SUTEBA y CTERA de Yaski y Baradel- a sumarse al paro, muy a pesar de que, al principio, estaban totalmente en contra de hacerlo. 

Lo triste de esta historia es el papel de la izquierda, que en vez de llenar el país con piquetes y otras acciones, al servicio de garantizar la medida y sumar a otros sectores, terminó yendo a la cola de la burocracia, sin postularse como una alternativa combativa, clasista y democrática. ¡Queda claro que hay que construir otra izquierda, que rompa con la adaptación al régimen que caracteriza a los principales partidos que se reivindican de la revolución y el socialismo!

 


[1] La Nación 29/10/2024

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