Sin reservas en el BCRA y con las materias primas en baja, al gobierno no le queda otra que profundizar sus políticas represivas
Por Damián Quevedo
El discurso del presidente, tuvo, además del tono crispado y
la ausencia de datos y pronósticos presupuestarios reales, dejó en claro que su
gobierno no tiene un plan que respalde sus afirmaciones. En ese sentido, Milei
no dijo lo principal: ¿De dónde sacará los verdes que necesita para pagar la deuda,
ya que el Banco Central carece de reservas y Argentina tiene cerrada la
ventanilla del crédito externo?
Es que, por más aplaudidores que lo halaguen, debido a su política
de “déficit cero”, el recorte permanente y sistemático en el gasto público no
resuelve el problema central de la economía nacional, que es, justamente, la
falta de dólares. Esta situación tiende a agravarse por la caída de los precios
internacionales de las materias primas, de las que depende el país para proveerse
de fondos frescos, mediante retenciones y otros gravámenes a las exportaciones.
Un informe privado señaló que el precio de la soja se ubicará
muy por debajo del promedio histórico, razón por la cual las ventas del “yuyito”
-que no es González- pueden llegar a caer más de u$s500 millones respecto de lo
esperado para 2024. Las proyecciones de precios para otros cultivos tampoco son
alentadoras, porque, aunque se espera un tenue rebote para 2025, los valores estarán
por debajo del promedio de los últimos años.
El Estado nacional venía cumpliendo con el pago de los
empréstitos internacionales con el dinero proveniente de los ingresos por
exportaciones de materias primas, algo que le resultó relativamente fácil en
los ciclos expansivos de los comodities. Así lo hicieron los primeros gobiernos
de Néstor y Cristina o el propio Macri, a pesar de que, en los últimos años,
tanto Cristina como Mauricio tuvieron que profundizar el endeudamiento para
pagar los vencimientos anteriores.
Hubo otro medio utilizado para ajustar al conjunto y pagar la
deuda, que fue la utilización de los fondos abonados por las privatizaciones
masivas del gobierno menemista, algo que ya nadie está en condiciones de repetir,
porque Menem vendió prácticamente todas las empresas estatales más rentables. Hasta
ahora, el Plan “Motosierra” no se puede apoyar en las mismas políticas que los
anteriores, porque no tiene acceso al crédito, no cuenta con ninguna de las “joyas
de la abuela” para vender ni con precios buenos de las materias primas.
La que parecía ser una “tabla de salvación” para el gobierno,
la producción y venta de litio, tampoco resultó así, ya que el “oro blanco”
cayó tanto como el resto de los comodities, en un contexto en el cual, quienes
lo utilizan -los fabricantes de productos electrónicos- están atravesando una
recesión muy dura.
Esta realidad adversa, obligó a Milei a recurrir al “mago de
las finanzas”, en realidad de la “timba”, el ministro Caputo, que salió a
golpear las puertas de todas las cuevas financieras para conseguir algún dólar.
Pero, ni los poseedores de fondos buitres le respondieron de manera favorable a
sus pedidos. ¡Entonces, el presupuesto de Milei tiene un solo objetivo, el de
imponer un ajuste fiscal extraordinario, basado en una destrucción nunca vista
del poder adquisitivo de los salarios y las conquistas obreras!
Con un movimiento obrero experimentado y la debilidad gubernamental,
como marco, esta perspectiva será muy difícil de concretar. Por lo tanto, lo que
tratará de hacer Milei es fortalecer el aparato represivo para imponer, a
sangre y fuego, su plan de ajuste. Esta es la razón por la cual le ha dado
tanta importancia al DNU destinado a agrandar la estructura de los servicios
secretos, que no están al servicio de prever una agresión “externa”, sino de
vigilar y reprimir a los luchadores y luchadoras del campo obrero y popular.
La gran ayuda con la que cuenta Milei para implementar esta
línea es la política del conjunto de la burocracia sindical peronista, que, aunque
de vez en cuando amenaza con levantar la guardia, tranza y deja pasar el ajuste
en prácticamente todos los gremios que conduce. Por esto, los luchadores consecuentes
deben organizarse para pasar por encima de estos traidores, impulsando la
realización de miles de asambleas de base en todos los lugares de trabajo y un centro
coordinador de la resistencia, que haga lo que nunca hará la CGT.
Este organismo democrático y unitario, además de resolver
las medidas de lucha -regionales y nacionales- que harán falta para pelear
contra el ajuste del gobierno, tendrá que organizar los mecanismos de
autodefensa que serán necesarios para enfrentar la represión -oficial y para
estatal- de Milei, Bullrich y compañía, que, como dijimos al principio, es el
único recurso que le queda al gobierno garantizar la aplicación de sus
políticas.

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