Las próximas movilizaciones enfrentarán a un gobierno debilitado por las luchas intestinas y las derrotas parlamentarias


Por Damián Quevedo

Luego del escándalo que explotó dentro del gobierno nacional, debido a las noticias falsas diseminadas en los medios por Patricia Bullrich, Milei, que acababa de festejar un triunfo legislativo -la ratificación del veto al aumento previsional- recibió un golpe tremendo, la negativa del Senado a los fondos secretos para la SIDE.

Para comprender el carácter de esta derrota parlamentaria, es necesario saber, que, desde la reforma constitucional de 1994, el congreso no volteaba un decreto presidencial. ¡Luego de este período, todos los DNU de todos los gobiernos pasaron con el apoyo, directo o indirecto, de oficialistas y opositores!

Con 49 votos en contra -que conformaron la mayoría necesaria para acabar con el DNU: más de dos tercios de los presentes- el Senado rechazó el envío de 100.000 millones de pesos para el espionaje libertario. Por esa razón, el veto de Milei al financiamiento universitario, que también votó el Senado, si se produce, tendrá lugar en un contexto mucho más desfavorable para el ejecutivo, que está más débil que antes.

Milei se encuentra en una encerrona, porque, por más que no quiera, debe avanzar con el ajuste educativo para demostrarles a los grandes capitalistas que puede garantizar la gobernabilidad y sus negocios, principalmente aquellos que están relacionados a la producción extractivista y las finanzas.

Ni bien estampe su firma en el documento donde anuncie el veto de la ley que aumenta el financiamiento de las universidades, amplios sectores de la oposición en Diputados solicitarán una sesión especial para tumbar esta decisión, siguiendo el camino de lo que acaba de suceder en el ámbito del Senado. En paralelo, autoridades y gremios universitarios estarán obligados a convocar a una nueva marcha nacional para presión al Gobierno, lo que puede desatar una dinámica de acciones no prevista ni querida por sus promotores.  

Esta perspectiva puede resultar muy peligrosa y desestabilizadora para el gobierno, que se encuentra aislado -a pesar de los apoyos circunstanciales- frente a un parlamento que no controla y que, a pesar de que le concedió el veto a la movilidad jubilatoria, le quitó la posibilidad de que maneje discrecionalmente la SIDE. Para cualquier gobierno capitalista, esta “cloaca de la democracia” es una fundamental para sostenerse en el poder.

El presidente no consigue manejar ninguna de las principales instituciones del Estado, algo que sí han hecho sus predecesores, que, de una u otra manera, tuvieron el control de la inteligencia, las fuerzas de seguridad y la justicia. El gobierno apenas tiene el mando de una parte de las fuerzas de seguridad federales, que, a la larga, no le resultará suficiente para sostener el ajuste.

En ese marco, se aproximan las grandes luchas que podrán en jaque al régimen, con un movimiento obrero acostumbrado a tirar a la basura o condicionar a gobiernos de distintos colores. La izquierda debe prepararse, teórica, política y metodológicamente para afrontar ese futuro, jugándose a liderar las rebeliones, que volverán a poner sobre el tapete la posibilidad de que los y las de abajo acaben con este sistema, el capitalismo, cada vez más injusto e inhumano.

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