Habló el Papa, en defensa de la contrarrevolucionaria Iglesia Católica que preside y del imperialismo europeo para el que trabaja
Por Damián Quevedo
Aunque oficialmente les restan importancia a las críticas
del Papa para con el gobierno, sus últimas declaraciones -bien políticas, como casi
todas las que provienen del Vaticano- tuvieron una fuerte repercusión en el
entorno presidencial, sobre todo porque estas se produjeron justo antes del nuevo
viaje de Milei a los Estados Unidos.
Quienes conocen a Jorge Bergoglio desde sus tiempos de arzobispo
porteño, saben que el ahora Pontífice ha sido siempre un estratega muy hábil a
la hora de utilizar las palabras más adecuadas para golpear en el momento justo.
Eso hizo hora atrás frente a representantes de movimientos sociales de todo el
mundo, auditorio en el que se encontraba uno de sus monaguillos predilectos,
Juan Grabois.
Francisco no solo está preocupado por la situación económica
y social de su país, sino que, además, representa los intereses de un sector
del imperialismo europeo, particularmente el italiano, que tiene empresas importantes
en Argentina y en todo el continente latinoamericano. A pesar de que este
sector del capitalismo occidental está decidido a alinearse con los yanquis en
la guerra comercial contra China y Rusia, defiende su lugar en el mercado
frente al resto de las potencias.
En ese contexto y con esas presiones, el presidente
libertario viajará a Wall Street en busca de algunos dólares para afrontar los
próximos vencimientos de la deuda, que es cada día más grande e impagable. Para
colmo de males, Milei viaja con varias derrotas parlamentarias en su mochila y
una abrupta caída de la popularidad, situación que se expresa en prácticamente
todas las encuestas.
Es muy difícil que los organismos financieros, e incluso las
cuevas de los buitres más voraces, le otorguen nuevos préstamos o encaren
ciertas inversiones que le inyecten algo de aire a la frágil e inestable economía
nacional. Milei ya fracasó con este intento en varias ocasiones, que, desde
todo punto de vista, eran mejores que la actual coyuntura, en la cual todos los
representantes locales del capitalismo se preparan para participar en las
elecciones de medio término de 2025.
Esta perspectiva le mete aún más presión a los libertarios,
que vienen de sufrir varias deserciones en los bloques legislativos y a nivel ejecutivo
sin poder construir su partido a nivel nacional. Los dueños del mundo miran esta
realidad -que incluye una fenomenal crisis de los partidos de la oposición patronal-
con mucha desconfianza, ya que no cuentan con el nivel de gobernabilidad que
requieren para garantizar el funcionamiento de sus empresas.
Cristina le agrega, a este problema, su propia impronta, ya
que salió a competir de manera salvaje con quien, hoy por hoy, es el referente
mejor posicionado de su espacio, el gobernador de la provincia de Buenos Aires
Axel Kicillof. Mientras tanto, otras fracciones del PJ, cada vez más
fragmentando, están negociando con el gobierno o con la “ancha avenida del
medio” que trata de representar el dirigente cordobés Schiaretti.
Todo indica, que, por estas razones y con un mercado
internacional de las materias primas a la baja, Argentina camina hacia una
nueva crisis de la deuda, que no resolverá Trump, en el hipotético caso de que
triunfe en las elecciones de este año en su país. Los libertarios rezan para
que esto suceda, ya que creen -equivocadamente- que el magnate de la
construcción les tirará un salvavidas financiero si vuelve a ocupar el sillón presidencial.
Para mantener su política de “equilibrio fiscal” Milei
tendrá que seguir apretando el acelerador del ajuste. Este recurso, que es el
único que le queda en carpeta, provocará la reacción -mucho más radicalizada
que antes- de la clase obrera y el pueblo pobre, que ya comenzó a protagonizar
los primeros conflictos reivindicativos, como los paros que están aconteciendo
en la docencia de varias provincias y la industria del neumático o los que
vienen de realizar los trabajadores del poderoso complejo aceitero.
La izquierda debe prepararse para liderar este proceso de luchas, impulsando la organización de un Centro Coordinador de la Resistencia, que construya desde abajo lo que no está dispuesta a realizar la burocracia sindical: la Huelga General Activa que se necesita para acabar con el ajuste y los ajustadores de turno.

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