Dos derrotas parlamentarias: un misil a la línea de flotación del régimen


Por Damián Quevedo y Juan Giglio 

La interna libertaria desató una tormenta perfecta para el gobierno nacional, ya que a las disputas originarias entre el presidente Javier Milei y su vice, Victoria Villarruel, se sumaron rupturas y cuestionamientos públicos dentro del grupo gobernante y sus aliados. En ese sentido, Macri fue cuestionado duramente por los senadores del PRO, cuyo bloque declaró que “no aceptan órdenes” de nadie, porque defienden una “autonomía”, que, en los hechos, colabora con la desintegración del partido fundado por el inefable Mauricio. 

Las dos contundentes derrotas parlamentarias, en áreas sensibles para los planes del gobierno, pusieron en jaque la gobernabilidad, situación que está siendo vista con temor por los grandes capitalistas, que, aunque en general apoyan la política de la “motosierra”, no largan un solo dólar a modo de inversión, porque no saben cuánto durará el “veranito” libertario. 

El Senado aprobó por más de dos tercios el proyecto que aumenta las jubilaciones en un 8,1 por ciento y pliega el índice de actualización mensual al Índice de Precios al Consumir (IPC), una iniciativa que ya había tenido la media sanción de la Cámara de Diputados y sobre la que presidente Javier Milei había advertido que, de sancionarse, la vetaría. Fue por 61 votos afirmativos, ocho negativos y cero abstenciones, en general; y en particular, la oposición logró blindar todos los artículos sensibles para el Gobierno nacional con más de los dos tercios de los votos necesarios para responder a un eventual veto del Poder Ejecutivo[1]

Queda claro que esta crisis política aleja la posibilidad de que lleguen al país nuevas inversiones. No solo esto, el gobierno tampoco podrá conseguir los créditos que necesita para equilibrar la balanza de pagos y mantener en funcionamiento lo que quede del aparato estatal. Eso significará que el endeudamiento, que se motoriza con la emisión de bonos y otras manganetas financieras, se encarecerá y pondrá al país nuevamente en una situación de default.  

Esta realidad, que no es otra cosa que la continuidad de la debacle kirchnerista, hace tambalear el régimen, que es lo que más les preocupa a los capitalistas, ya que las instituciones de la democracia burguesa -parlamento, justicia, ejecutivo y demás- son las que debería evitar un gran colapso del sistema, y, de esa manera, posibilitar un recambio gubernamental más o menos ordenado. 

Todo esto sucede en un marco en el que todavía no han estallado grandes conflictos, por lo tanto, cuando estos aparezcan pondrán al gobierno al borde del abismo. La izquierda debe prepararse para esa perspectiva, ya que cuando tenga lugar, surgirán nuevos y renovados organismos democráticos de la clase trabajadora y el pueblo, en donde las masas discutirán y resolverán lo que hoy no pueden hacer dentro de las instituciones obreras tradicionales, como los sindicatos. 

Las situaciones revolucionarias siempre han posibilitado el surgimiento de estos organismos de autoorganización. Lo novedoso del actual panorama es, que, estas instituciones de “doble poder” aparecerán en momentos de extremo agotamiento del régimen. Eso planteará una polarización inédita entre las fuerzas que respondan a los dos polos opuestos de este tipo de procesos: la revolución y a la contrarrevolución.


[1] Página 12 22/08/2024

Noticias Troskas TV: análisis de la crisis 

 

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