Por Damián Quevedo
El evidente fraude electoral perpetrado por la dictadura venezolana provocó una explosión de protestas en ese país y otros, en los que viven millones de exilados. Maduro, igual que antes, salió a reprimir al movimiento de masas que busca la caída del régimen para conquistar libertades democráticas elementales.
¡Y va
a caer, y va a caer, este gobierno va a caer!", exclamaban los cientos de
manifestantes de la oposición
venezolana que
salieron a las calles de todo el país para protestar contra la cuestionada
reelección del presidente Nicolás Maduro. "Que entregue el poder ya", reclamaron. En
horas de la tarde, efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB, Policía
militarizada) y de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) empezaron a avanzar
sobre los manifestantes que caminaban sobre la autopista principal de la
capital venezolana con gases lacrimógenos[1].
Este proceso de movilización no es una particularidad de Venezuela, sino la continuidad de la ola de rebeldía democrática que atravesó todo el continente antes de la pandemia, una ola de luchas que los capitalistas frenaron a tiros y con las cuarentenas. En ese sentido, los gobiernos de Venezuela y Nicaragua representaron las trincheras más firmes de la contrarrevolución, porque sus fuerzas represivas, oficiales y para militares, reprimieron, torturaron y asesinaron a mansalva.
En Argentina, igual que en otros países, el gobierno de Alberto Fernández, utilizó el miedo al virus para concretar la desmovilización mediante la agitación de la consigna “quédate en casa”. Sin embargo, esa oleada rebelde está comenzando a reaparecer en el firmamento latinoamericano, como lo atestiguan las luchas que dieron los y las docentes en Misiones, o la que está llevando adelante el pueblo correntino, que exige la aparición de Loan, apuntan contra la “casta” política, judicial y policial.
En ese marco, Venezuela vuelve a ubicarse a la vanguardia de ese proceso, con las combativas manifestaciones que acaban de estallar contra la dictadura fraudulenta de los bolivarianos. La izquierda y las organizaciones que se reivindican antiimperialistas, socialistas y democráticas, deben apoyar activamente esta rebelión, que, de triunfar, empujará a las masas de todo el continente a enfrentar a sus verdugos.

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