En 1989 se produce en Venezuela una rebelión popular conocida como Caracazo, ya que se concentra en la capital del país. En ese levantamiento las masas oprimidas se rebelaron contra el plan económico de ajuste fondomonetarista, llevado adelante por el gobierno neoliberal del presidente Carlos Andrés Pérez.
A pesar de la terrible represión, el gobierno no logró cerrar la crisis, a estas movilizaciones les siguió un intento de golpe de Estado militar, encabezado por Hugo Chávez Frías. El golpe fracasó pero posicionó a Chávez como una alternativa de recambio ante la crisis, lo que le permitió ganar las elecciones presidenciales al salir de la cárcel, un proceso similar al de Perón en Argentina.
El derrotero del caudillo venezolano es conocido, supo leer e intervenir hábilmente en la situación venezolana, las masas rechazan las políticas neoliberales que habían llevado al país a una de sus mayores debacles y Chávez asumió el gobierno con una retórica patriótica que se fue transformando en izquierdista al tiempo que la clase obrera y el pueblo empujaban hacia ahí. El primer chavismo se caracterizó por la cooptación de grupos y partidos de izquierda, uno de los fundamentales fue el partido comunista de Venezuela, encerró a todos (los que no se disolvieron) en el seguidismo al líder y a su partido político, el partido socialista unificado de Venezuela (PSUV).
Estos pasos fueron acompañados de la misma audacia en la política exterior, Chávez pretendió fundar una nueva izquierda en torno a lo que llamó el socialismo del siglo XXI, incluso fundó una internacional con los grupos populistas afines, la V internacional. Este socialismo del siglo XXI no difería en mucho de la socialdemocracia tradicional, salida de la II internacional, salvo por sus modos “caribeños” y características propias de una corriente política nacida en un país semicolonial.
La ofensiva del chavismo no fue dirigida solamente contra el neoliberalismo, fue un ataque en regla contra las experiencias revolucionarias del siglo XX y en particular, contra el marxismo. Como señalamos, el primer período de gobiernos chavistas estuvo condicionado por la tendencia de la lucha de clases en Venezuela y el resto de América, que empujó al gobierno a asumir un discurso izquierdista, pero también lo obligó a llevar adelante reformas democráticas, dentro de los márgenes del régimen político democrático burgués.
Estas fueron grandes conquistas para las masas, en un país semicolonial, donde el régimen realizó concesiones a los y las de abajo, para garantizar grandes negocios para las multinacionales, incluso yanquis como Halliburton, que fue un socio privilegiado de la compañía estatal de petróleo de Venezuela, PDVSA, mientras Hugo Chávez despotricaba contra el imperialismo.
De esta manera el chavismo se erigió como una especie de bonapartismo de izquierda, que mediaba buscando la conciliación de clases, pero sin cercenar el régimen democrático burgués, sino empujándolo en una dirección progresiva, sin traspasar sus límites. Junto a esta política existió una base material que le permitió a Chávez ganar una elección tras otra, con márgenes de participación y de votos inéditos en la historia venezolana, fue el ciclo de expansión del capitalismo entre el año 2002 y 2008.
El precio del barril de petróleo y la expansión capitalista de esos años, permitieron a Venezuela, vivir un periodo de bonanza económica basada en la explotación de la única industria que posee el país, con unos recursos únicos en América, la industria petrolera. No solo por la muerte de Hugo Chávez, sino fundamentalmente por la crisis del 2008, este proceso político llegó a su fin.
No podía ser de otra manera ya que jamás rompió ni buscó romper los marcos del sistema capitalista, fue un proceso conducido por una expresión de la pequeña burguesía venezolana (el grupo de paracaidistas que protagonizó el intento de golpe junto con Chávez) que no podía encabezar ninguna revolución y terminó siendo el mejor administrador del capitalismo semicolonial.
La llegada de Nicolás Maduro al gobierno fue la expresión de la necesidad de un cambio en el régimen político venezolano, el comienzo de las protestas contra el chavismo con una creciente adhesión de los trabajadores a estas, por la carestía de la vida, comenzaron a mostrar este cambio que luego dio una salto cualitativo en la represión por parte del gobierno contra las movilizaciones populares.
Miles de presos políticos pasaron por las cárceles de
Maduro desde el 2014, el régimen no sólo reprime y encarcela a cualquier
opositor o periodista independiente, sino que también asesinó a decenas de manifestantes. Los
trabajadores también son blanco de una ofensiva represiva con organismos
militares por parte del gobierno desde hace varios años y que no cesa, ya sea
porque salen a protestar o porque realizan denuncias de corrupción. Es lo que
vimos más recientemente con Bartolo Guerra, trabajador con 24 años de servicio
en PDVSA, que luego de hacer fuertes denuncias de corrupción, pasaron a
criminalizarlo y ser detenido arbitrariamente por los servicios de inteligencia
DGCIM[1].
La represión que se ensaña particularmente con la clase obrera, no es llevada adelante solo por el aparato de Estado, sino que el chavismo cuenta con grupos parapoliciales que atacan a todo aquel que resiste a la dictadura de Nicolás Maduro. La prohibición de partidos de la izquierda independiente, el encarcelamiento de obreros y activistas sindicales, el asesinato político son moneda corriente en el régimen venezolano.
A esta brutal opresión sobre el pueblo, se suma el terror silencioso que produjo la hambruna y la enorme pauperización que sufren las masas desde hace años, el régimen político de Venezuela, al igual que el de Nicaragua, lograron perpetuar el plan que toda la burguesía mundial llevó adelante en 2020, con la contrarrevolución llevada adelante con la excusa del COVID, la eliminación de las libertades públicas propias del régimen democrático burgués, para garantizar la aplicación de los planes de ajuste anti obreros.
La Corriente Internacional Comunista Revolucionaria (CCRI) y su sección en Argentina – Convergencia Socialista – llaman al apoyo de la clase trabajadora y las masas contra la dictadura de Maduro. ¡La única solución es la sustitución de este régimen capitalista por un gobierno obrero y popular como parte de una federación socialista de América Latina!
[1]https://www.laizquierdadiario.com/Internacional-14

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