Nuevo aniversario de la fundación del PRT, nuestra mirada sobre este intento audaz de resolver la crisis de dirección revolucionaria

 Roberto Santucho y Nahuel Moreno, dos dirigentes fundamentales en la historia de la izquierda argentina

Por Damián Vekelo 

El 25 de Mayo de 1965 tuvo lugar el congreso que fundó al Partido Revolucionario de los Trabajadores, que se constituía como resultado de la fusión de dos grupos que provenían de experiencias y tradiciones diferentes, pero que fueron empujados por grandes coincidencias en un momento en el que la lucha de clases exigía definiciones y una organización a la altura de las circunstancias. 

El FRIP, Frente Indoamericano Revolucionario Popular y Palabra Obrera, dos organizaciones, una con inserción en el norte argentino y cono una concepción latinoamericanista (similar al viejo APRA peruano) y otra de tradición trotskista, con años de experiencia en el movimiento obrero en Buenos Aires, dieron los primeros pasos con el propósito de dotar al proletariado argentino de un partido -como decía Marx- independiente y distinto a todos los demás, como décadas atrás lo habían hecho los bolcheviques rusos. 

El contexto histórico y político 

En aquellos años, en Argentina y en el resto de América Latina, proliferaban las dictaduras militares y el movimiento de masas venía de grandes batallas y derrotas, con la excepción de la revolución cubana. En nuestro país el peronismo y su burocracia sindical eran hegemónicos en la clase obrera y la izquierda revolucionaria era marginal, de hecho estos dos grupos que dan origen al PRT, eran parte de ese pequeño arco político. 

Quien, desde posiciones de izquierda (pero no revolucionaria) tenía peso en el movimiento obrero, era el Partido Comunista argentino, que mucho tiempo atrás había abandonado la trinchera de la lucha por la Revolución Socialista. Aunque esto es discutible, porque si bien en su  origen asumió las famosas 21 condiciones de la Internacional comunista, su adhesión nunca dejó de ser una formalidad. 

Lo que si asumió el PCA, en su contenido esencial, fue la política de conciliación de clases impulsada por la Tercera Internacional a partir del período de los frentes populares impulsados por Stalin y sus acólitos. El PRT surgió como una opción opositora a esta línea reformista y a la vez pacifista, encarnada por los comunistas locales, que lejos de construir una herramienta de lucha para el proletariado actuaban como un verdadero muro de contención. 

En ese marco, los dos grupos que se fusionaron entendían la necesidad de promover la independencia política de los trabajadores -en un momento en el que el peronismo estaba en su apogeo- como así también la necesidad de promover la acción directa y la auto defensa, que ambos grupos practicaban, a partir de la comprensión teórica de la necesidad de destruir el Estado burgués, como paso ineludible hacia la Revolución Socialista. 

Esta experiencia unitaria duró alrededor de tres años, acercando a Nahuel Moreno y Roberto Santucho, quienes después terminaron desarrollando dos corrientes fundamentales de la izquierda de este país (incluso del Cono Sur de América) adhiriendo al guevarismo y al trotskismo. 

Sin la intención de hacer un balance específico -ríos de tinta corrieron en torno al PRT y todo lo que surgió de este partido y sus principales dirigentes- queremos rescatar la audacia que implicó no solo encarar un proceso unitario, sino la intención de asumir definiciones políticas que marcaron un cambio en la izquierda de ese entonces y aún hoy son materia de debate. 

Tanto de aquel partido de 1965, como de los que surgieron a partir de la ruptura, quedaron aciertos y errores que deben formar parte de acervo político de la clase obrera argentina. También dejaron grandes ejemplos de lucha y consecuencia revolucionaria, con cientos de mártires. 

Nosotros/as, como militantes que provenimos de ambos sectores, no pretendemos atribuirnos el papel de “continuadores” de esa experiencia, sino tratar de sacar conclusiones, desde el punto de vista marxista, que aporten a la lucha por el socialismo en la actualidad, tal como lo hicieron los compañeros durante aquellos años, entendiendo que ese es el mejor homenaje a ese intento de construcción del estado mayor de la revolución.

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