El gobierno y el régimen suman problemas y marchan aceleradamente hacia una nueva crisis, mucho más poderosa que las anteriores


Por Damián Quevedo  

El cuasi estallido de la provincia de Misiones, es la punta del iceberg de un proceso que madura lentamente al calor del ajuste y la recesión económica, que, para colmo de males -para Milei y los suyos- tiene lugar en un contexto internacional más que desfavorable para el capitalismo argentino, al cual, el presidente, le suma problemas, como los constantes y sistemáticos culebrones que protagoniza cada vez que se pelea con algún mandatario extranjero, como Pedro Sánchez del reino español.

A esta situación se suma la tendencia real hacia una crisis de deuda, que pueda terminar en un default, esa es la razón, por la cual, pocas semanas atrás, Milei viajó a California para pedirles dólares a los más reconocidos buitres de las finanzas. En ese marco, su canciller hizo lo mismo, aunque no con uno o varios buitres, sino con el mismísimo dragón chino, frente al que tuvo que arrodillarse y pedir disculpas por ciertas actitudes o "chistes" libertarios. 

Aunque desde el FMI suavizaron la relación con el gobierno, los funcionarios de este organismo son conscientes de que el Estado argentino no está en condiciones de garantizar los futuros pagos y que, a corto o mediano plazo, tendrán que ponerle los puntos sobre las íes a Milei. Los responsables de esta cueva de piratas imperialistas saben que, cuando aprieten las tuercas argentinas, puede explotar una reacción en cadena, ya que la deuda criolla es la más grande de todas.

Por estas razones son varias las patronales que le están soltando la mano al gobierno. Sus jefes entienden que el ajuste general y el ataque a los salarios no son suficientes para sostener las tasas de ganancia que necesitan para alcanzar la productividad que les permita ser competitivos, dentro de un mercado que tiende a achicarse. Para ser claros: las políticas de aumento de la explotación obrera, que reivindican, no se transforman en un aumento de sus ganancias.

Los datos que se van conociendo respecto de la actividad económica en abril son tanto o más negativos que los de febrero y marzo. Una auténtica "madre de industrias", como es la actividad metalúrgica, con fuerte peso en el empleo manufacturero, anotó el mes pasado una caída interanual del 19,5 por ciento y acumula en el primer cuatrimestre una contracción de 8,6 por ciento, según un informe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA). Con relación a marzo, el sector verificó una disminución de 2,3 por ciento.

La situación metalúrgica se suma a otros fuertes indicios que marcan el carácter de la depresión que sufre la economía argentina. En abril, el sector automotor registró su quinta baja interanual consecutiva, del 21 por ciento, mientras que los despachos de cemento se contrajeron un 35,6 por ciento. Asimismo, la energía eléctrica consumida por parte de grandes usuarios industriales volvió a caer significativamente, en un 9,5 por ciento, reflejo de la baja utilización de la capacidad instalada en la manufactura, al tiempo que los patentamientos de maquinaria agrícola registraron una caída del 27,8 por ciento interanual[1].

Esta situación hace que una parte del llamado “Círculo Rojo” comience a trazar rayas con el gobierno, como el dueño de Aluar y FATE, Javier Madanes Quintanilla, quien salió a declarar que está mal desnacionalizar la economía y cortar relaciones con China. En este contexto, de disputas en las alturas, se está desarrollando un proceso que marcha hacia la rebelión más generalizada, una dinámica que comenzó con la marcha universitaria y pegó un salto en Misiones. Allí, la columna vertebral del régimen, sus fuerzas represivas, está en conflicto, junto a la docencia y los empleados estatales.

Lo de Misiones es peligrosísimo para el gobierno, porque los piquetes policiales terminaron por liquidar al protocolo anti piquetes de Patricia Bullrich. La policía de esa provincia, además, está incentivando a que salgan a la lucha algunos de los sectores capitalistas más afectados por el ajuste en la región, como los yerbateros, que están siendo castigados por la importación de yerba de Paraguay y Brasil.

Estas peleas entre los de arriba, las luchas y la rebelión uniformada generan condiciones para que irrumpa la clase trabajadora con su método más tradicional y efectivo, la huelga general. Más allá de que los burócratas de la CGT y la CTA realicen algunos paritos, por presión o para descomprimir la bronca, el Argentinazo no vendrá de la mano de estos tránsfugas, sino desde las bases, como ha ocurrido en otros momentos de la historia nacional.

La izquierda y el conjunto de organizaciones combativas tienen que incentivarlo y jugarse a darle un cauce organizativo, a través de un Centro Coordinador de la Resistencia, que se apoye en miles de asambleas de base y vote un programa que sirva para resolver las demandas elementales del pueblo, un programa revolucionario para la liberación nacional y social, que se podrá concretar si la clase trabajadora conquista el gobierno.

[1] https://www.pagina12.com.ar/738277-se-derrite-la-industria-nacional-metalurgica

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