El gobierno, de guatemala en guatepeor

Nicolás Posse abandonando su lugar en la Rosada, una renuncia que pone en evidencia la situación crítica que vive el gobierno, a pesar de que Milei intenta ocultarla con circo y viajes al exterior...

Por Damián Quevedo

Finalmente se confirmó la salida de Nicolás Posse de la jefatura de gabinete, en la que será reemplazado por el todo terreno Guillermo Francos. Ahora, esta salida, se suma a los casi 40 funcionarios que dejaron las filas del gobierno a (poco) más de cinco meses de gestión, mostrando la dificultad del ultraderechista para encontrar funcionarios de confianza que sigan al pie de la letra sus pedidos y requisitos, además de llevarse bien con su hermana[1]. 

Aunque Milei intentó, en estos días, minimizar el efecto de estas constantes deserciones, la realidad es contundente: en apenas cinco meses de gestión, ya se cuentan por decenas las renuncias de funcionarios de primera línea. Esto no es, como afirmó el presidente, parte de un proceso en el cual los funcionarios se retiran porque han cumplido con ciertas metas.   

Lo que está sucediendo es que, las renuncias permanentes, tienen lugar sin que ninguna de las reformas prometidas por Milei se haya llevado adelante. En los hechos, el gobierno sigue girando en círculos sobre la ley bases, que parece condenada al fracaso. Esta situación se asemeja cada vez más a la última etapa de un ejecutivo en crisis. 

Milei, que se presentó como una renovación radical de la política, para lo cual barrería toda la “casta”, hoy está sufriendo una erosión política acelerada, una situación que no es exclusiva del gobierno, sino que implica a todos los partidos patronales, oficialistas y opositores, y a la podrida y cada vez más decadente burocracia sindical peronista. 

Esto último significa, que, en las bases obreras, está desarrollándose un proceso excepcional de ruptura con los viejos caudillos gremiales y sus “cuerpos orgánicos”. Un quiebre, que la izquierda debe aprovechar, para dar los primeros pasos en la construcción de la nueva dirección política y sindical que se corresponde a la actual etapa de la lucha de clases.   

Esta nueva conducción debe, al mismo tiempo, promover el desarrollo de la democracia directa, la autoorganización y mecanismos de coordinación obrera, para impulsar y unificar los conflictos en curso, como el de Misiones, que es un ejemplo paradigmático de esta dinámica. Lamentablemente, buena parte de las organizaciones socialistas aún no ha tomado consciencia de esta dinámica, ya que continúa actuando como “pata izquierda” de la burocracia. 

Por eso, lo que también corresponde, es poner en pie un nuevo partido o movimiento revolucionario, que surja a partir de la unidad de la militancia que sepa y quiera ubicarse a la altura de las actuales circunstancias. Desde Convergencia Socialista nos ponemos a disposición de esta tarea, aportando nuestra experiencia y elaboración programática. 

[1] Página12  27/05/2024

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