Vuelta atrás con los aumentos de las prepagas, otra derrota para la política de "desregulación" del gobierno


Por Damián Quevedo 

El gobierno nacional acaba de retroceder, nuevamente, con una de sus medidas de liberación -o “desregulación” de la economía- relacionada a los espectaculares aumentos que tuvieron lugar en el ámbito de la medicina prepaga. 

Fuentes oficiales confirmaron a LA NACION que ya presentó una medida cautelar en la Justicia con el objetivo de recalcular los aumentos de 18 empresas y elaborar un mecanismo de devolución del dinero que los afiliados abonaron por encima de lo que hubiera marcado el incremento inflacionario[1]. 

Los incrementos en los precios de la medicina prepaga golpearon a la clase media. Esto generó un malestar dentro de sectores que conforman la base electoral del gobierno, que hizo sonar alarmas. Milei salió a hacer de bombero, porque trata de sostener su caudal electoral, con la perspectiva de ganar las elecciones de término medio, que definirán su suerte.   

Esta medida de regulación sobre los precios es contraria a todo el relato liberal, que sostiene el presidente desde su campaña electoral. Demuestra, en los hechos, que en Argentina la intromisión del Estado sobre determinadas ramas de la economía es una cuestión insoslayable si se pretende que el país no quiebre. 

Una gran parte de las empresas locales, especialmente las denominadas Pymes, se sostienen con regulaciones y subsidios. Esto también sucede con la clase trabajadora, que está acostumbrada a percibir una gran parte de su salario de forma indirecta, a través de la educación y la salud públicas y una serie de subsidios, como los del transporte y otros servicios. 

Este esquema también funciona para las capas medias de la sociedad, que, más allá de sus simpatías con Milei, no están dispuestas a perder un determinado status o nivel de vida. En ese sentido, la liberación de precios en ciertos rubros, como la medicina prepaga, la hace entrar en crisis, situación que constituye una verdadera bomba de tiempo, que, si estalla, se podría llevar puesto a este o a cualquier otro gobierno. 

Así sucedió en 2001 luego del colapso del corralito financiero, que empujó a la pequeña burguesía urbana a movilizarse y a cantar “piquete y cacerola, la lucha es una sola”. Desde las alturas del poder saben, que, el peso del ajuste actual, podría empujar a este sector social a unirse a la resistencia obrera. 

La izquierda combativa debe levantar consigas que apunten en ese sentido, porque, en todos los procesos revolucionarios anteriores, amplias capas de la clase media pauperizada acompañaron las rebeliones obreras y populares que pusieron en crisis al sistema capitalista. De allí también surgieron valiosos y valiosas militantes que rompieron con la lógica pequeño burguesa y se sumaron a la lucha revolucionaria.


[1] La Nación 17/04/2024

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