El discurso de Milei, otra señal de la crisis gubernamental, que puede pegar un salto luego de la marcha educativa


Por Damián Quevedo

El presidente realizó un discurso grabado de 15 minutos, en cadena nacional, en el que no anunció nada que ayude a cambiar positivamente la calidad de vida del pueblo. Milei se limitó a explicar su principal “éxito” en la gestión, los recortes, que le habrían permitido conseguir un “inédito e histórico” superávit fiscal.

En una alocución propia de algún líder liberal del siglo XVIII, Milei atribuyó este supuesto superávit a los recortes que su gobierno llevó adelante en la “política”. ¡Caradura, dijo esto a pocas horas del fenomenal aumento en los sueldos que se asignaron los senadores de todos los partidos, el encargado de la propaganda oficial y su propia hermana!

En realidad, el tan mentado “superávit”, no es otra cosa que el producto de la combinación entre un shock recesivo y la profundización del impuesto inflacionario. Esta realidad destruyó, no solo el bolsillo de los trabajadores, sino también una buena parte de los capitales de menor volumen, los que giran en torno a las Pymes y los comercios más pequeños.

La licuación de las jubilaciones, la quita de recursos a las provincias, los pagos adeudados a las empresas de energía y gas, el desfinanciamiento de las universidades, la obra pública paralizada, la postergación del pago de importaciones y un “brutal recesión”, que impacta también sobre la caída de las importaciones en general[1].

Este panorama de tierra arrasada es lo que buscan el actual gobierno y toda la oposición patronal, ya que, para enfrentar la actual crisis económica mundial, la gran burguesía -a la que representan o pretenden representar- necesita destruir capitales y conquistas obreras. Esa es la única receta que conocen, para poder recrear un nuevo ciclo productivo “virtuoso”, sobre la base de cientos de miles de desocupados, salarios miserables y un aumento extremo de la precarización laboral.

El drama de este gobierno y de cualquier otro que intente un ajuste similar, es que no existen condiciones políticas para llevarlo delante de forma exitosa, para ello los capitalistas necesitan infringir una derrota brutal a la clase obrera, como sucedió durante los primeros años del menemismo.

Esa no es la situación actual, el mismo Milei reconoce la imposibilidad de aplicar su plan, desarrollado a través de la denominada “Ley Bases”. Esta herramienta política y económica fue frenada en el Congreso, ya que son varios los sectores patronales -representados por los legisladores- que intuyen que la normativa los puede llevar a la bancarrota. Esta debilidad legislativa golpea al gobierno, que, desde que asumió, vive en crisis.

Por esa razón, el discurso presidencial, leído por Milei casi sin levantar la vista del papel, es, un día antes de la movilización universitaria, una señal inequívoca de alguien, que, más allá de la retórica exitista, quiere blandir nuevamente la bandera blanca.

En apenas cuatro meses, a pesar de la escandalosa complicidad de la burocracia sindical peronista, ha sufrido paros y movilizaciones masivas. En ese sentido, la marcha de las universidades puede ser un salto de calidad en la conflictividad social, porque ha sido impulsada por prácticamente todo el arco político del país, porque, salvo el PRO y la Libertad Avanza, ganarán las calles representantes y militantes de la Coalición Cívica, la UCR, el Peronismo y un largo etcétera de organizaciones.

Además, la convocatoria a esta concentración trasciende el ámbito de la educación, ya que en los hechos se convirtió en un punto de confluencia de prácticamente todos los reclamos contra el plan “motosierra”. La tarea de la izquierda y los sectores combativos es aprovechar esta dinámica para incentivarla e impulsar lo que no quieren hacer los burócratas traidores: unificar las luchas a través de un Centro Coordinador de la Resistencia, que se construya sobre la base de miles de asambleas obreras y populares.


[1] La Nación 22/04/2024

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