Derrotemos la "Santa Alianza" contra el salario obrero, conformada por libertarios, peronistas, radicales, macristas y burócratas sindicales


Por Damián Quevedo

Este gobierno, al igual que los anteriores, tiene un gran objetivo, liquidar el salario para incrementar las ganancias patronales. En esta primera instancia de su mandato, lo está logrando, para lo cual no ha hecho más que usar y profundizar las mismas herramientas que utilizó el gobierno anterior: el impuesto inflacionario y los aumentos salariales a la baja. De esta manera, el salario real se licua, sin tener que bajarlo nominalmente. 

Un informe elaborado por la consultora Focus Market indica que Argentina es el país con el salario mínimo en dólares más bajo de Latinoamérica, con una cifra que alcanza los u$s196, y se encuentra en el piso más bajo de los últimos 20 años. Según indicó la consultora, "la devaluación del peso frente al dólar del 54% en el tipo de cambio oficial mayorista, el rezago de emisión monetaria, la alta incertidumbre, la salida de precios controlados y la corrección de tarifas de servicios públicos, más el ajuste a nuevos valores de los servicios privados, están llevando a una pérdida aún mayor del ingreso de los argentinos en la primera etapa de este Gobierno"[1]. 

Uno de los objetivos de liquidar el salario es bajar los costos de producción para hacer competitivas a ciertas ramas de la industria nacional. Aunque esto debería ser tentador para los capitalistas, existen otros factores que hacen difícil la llegada de inversores, cuyo ingreso, según la teoría oficial, darían un impulso a la economía. 

Uno de estos problemas es la crisis institucional, ya que los vaivenes políticos y la debilidad del gobierno hacen prácticamente imposible que se implementen las profundas reformas estructurales que pretenden los capitalistas, como una reforma laboral en serio. Sin embargo, existe otro elemento externo que hace más utópica la política del gobierno: por más que se lleguen a imponer costos de producción más bajos que en el resto del mundo -algo imposible- hoy por hoy, debido a la crisis mundial, no existirían mercados capaces de absorber lo producido en esas hipotéticas circunstancias. 

Independientemente de esta cuestión, que es central, Milei insiste e insistirá con sus ataques furibundos al poder adquisitivo de la clase obrera. Lo seguirá haciendo por la vía señalada, pero también con todo aquello que conforma la parte indirecta del salario. Esto tiene que ver con las conquistas sociales, que, más allá de lo que perciban nominalmente, pone todavía a los trabajadores argentinos en iguales o mejores condiciones que sus pares de América Latina. 

La salud y la educación públicas gratuitas forman, en ese sentido, una parte sustancial del salario, porque constituyen una faceta central de los fondos que se destinan a la reproducción de la fuerza de trabajo, o, dicho de otra manera, para la perpetuación de los obreros como clase productora de valor. 

Esos son los grandes objetivos de este Gobierno y de todos sus cómplices de la oposición patronal, sean estos peronistas, radicales o macristas. Para consumar esta política, que resulta estratégica para los capitalistas que hacen negocios en Argentina, existe una “Santa Alianza” entre todos los políticos patronales al servicio de esta guerra contra el salario, directo e indirecto. 

La clase trabajadora debe prepararse en serio para defender su poder adquisitivo, sus puestos laborales y todas las conquistas que están en juego. La izquierda debe, en ese marco, jugarse a liderar los combates sociales que se avecinan, que marcarán el rumbo de la realidad política, no solo de nuestro país sino de buena parte del continente, ya que el movimiento obrero argentino continúa siendo el más experimentado y con mayor tradición de toda la región. 



[1] Ámbito financiero 21/03/2024

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