Por Damián Quevedo
Uno de los caballitos de batalla de la campaña libertaria fue su consigna de “quemar el Central”, línea que justificó con la idea de que la inflación es el producto de una excesiva utilización de la “maquinita” de imprimir billetes para darle crédito al gobierno. Sin embargo, Milei y sus secuaces, lejos de cumplir con su promesa, no han hecho otra cosa que continuar emitiendo. En su primer mes de mandato Milei no pudo parar "la maquinita de imprimir billetes" del todo y se emitieron $ 6 billones para afrontar diversos compromisos que requería el Tesoro en pesos, algo que repercutirá en los precios a futuro[1].
La emisión, junto con la devaluación brusca del peso -del 118%- la sirvió al gobierno para concretar una licuación rápida y profunda de los salarios y las jubilaciones, gracias a lo cual Caputo pudo anunciar la obtención del "déficit cero". Aunque este proceso es más rápido
que el que venía ejecutando Massa, tiene las mismas características, lo que significa, que, desde que asumió, Milei no ha cambiado la política
económica en cuanto a la utilización de sus herramientas principales.
Por otra parte, también continúa el proceso de endeudamiento privado del ex “súper ministro”, al servicio de contar con los dólares que se usan para para pagar deudas. Las
licitaciones semanales de los Bonos para la Reconstrucción de una Argentina
Libre (BOPREAL) también asistieron a la finalidad del Gobierno de quitar pesos
de circulación. Se trata de títulos en dólares suscritos por importadores para
cancelar su deuda comercial con proveedores del exterior o casas matrices[2].
Esta emisión de bonos -deuda pública- no “desactiva” la
bomba de los bonos que lanzaron al mercado Massa y compañía, los Leliqs, sino
que le cambia el nombre a este instrumento, que ahora se denomina BOPREAL, un bono bastante atractivo para los inversores,
ya que promete pagar altos intereses en dólares y devolver, en apenas tres
años, el 100% del capital invertido.
Con este mecanismo, el gobierno absorbe parte de
los pesos que emite, ya que van a parar a los bonos y así no aumenta -nominalmente-
la base monetaria, que está conformada por el total del dinero circulante y el acumulado
por los bancos en sus depósitos. El problema, el mismo que han tenido
los anteriores gobiernos, es que sigue aumentando el
endeudamiento público, dinámica que condiciona cualquier posibilidad de desarrollo
autónomo.
En un país como Argentina, cuya producción principal son
los commodities, materias primas, que no se venden en un mercado pujante como el de los años anteriores, el
endeudamiento es la única herramienta a la que recurren los distintos gobierno. Hacen esto, porque a ninguno de sus líderes se les
ha ocurrido optar por el camino que garantiza avanzar hacia un gran crecimiento
económico, que es el de romper la subordinación a las grandes potencias, conquistando una nueva y definitiva independencia nacional.
El endeudamiento es un parche que puede sostener la economía durante un breve
período, hasta que, debido al freno de los préstamos o al ahogo financiero,
vuelve a estallar la burbuja crediticia. Por esa razón, todos los gobiernos capitalistas intentan evitar esta perspectiva con la política de destrucción del poder adquisitivo de los salarios y las conquistas obreras.
Queda cada vez más claro, que, a pesar de su retórica anti casta y ultra liberal, Javier Milei gobierna con la mentalidad de los peronistas y sus antecesores, macristas, menemistas, delarruistas, etc. Hay que acabar con esta política, que llevará a millones a situaciones de hambre y miseria nunca vistas en la Argentina. La manera concreta y efectiva de hacerlo es echándolos a todos, con un nuevo Argentinazo, e imponiendo un gobierno obrero realmente distinto, el de la clase trabajadora.
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