Un gobierno muy débil, jaqueado por la crisis general y las luchas entre distintas fracciones de la burguesía
Por Damián Quevedo
La discusión sobre el DNU y la ley ómnibus generó crisis y realineamientos en todos los partidos patronales. Por esa razón, dentro de la UCR existen tres posturas diferentes, un apoyo parcial, otro con modificaciones y el rechazo. La puja fundamental está teniendo lugar entre los gobernadores, ya que los caudillos provinciales son los que más poder perderán con la reducción de la coparticipación federal.
Esta situación también se está
desarrollando en el peronismo, como lo acaba de expresar la ruptura de un grupo
de legisladores que responden al gobernador de Tucumán. Estos diputados se
fueron del bloque de Unión por la Patria con la intención de acercarse al gobierno
nacional. Se trata de tres legisladores
tucumanos que responden al gobernador Osvaldo Jaldo y que en sintonía con el
mandatario decidieron apoyar la iniciativa del Gobierno[1].
Las fracturas que se están produciendo al interior de los partidos patronales, tanto del oficialismo como de la oposición, son un indicador de la situación de crisis y pérdida de competitividad que atraviesan los capitalistas locales. En ese marco, las medidas del gobierno benefician solo a un sector de la burguesía, el más concentrado y ligado al imperialismo yanqui.
Esta tensión por arriba es propia de los períodos de crisis, porque en esos momentos siempre se acelera y agudiza la puja entre las fracciones capitalistas, una situación que aprovechan las de mayor desarrollo para eliminar a las más pequeñas, y, de esa manera, conquistar los mercados ocupados por estas. Es, como bien lo explicó Lenin, cuando estudió el desarrollo del imperialismo moderno, el proceso de concentración del capital.
Esta tendencia tiene su correlato entre los representantes políticos y sindicales de la burguesía -los partidos patronales y la burocracia sindical- cuyas organizaciones se rompen y reagrupan. Más allá de la aprobación o no del paquetazo, estas internas se profundizarán, porque, además, nadie cuenta con un plan capaz de sacar al país de la actual situación crítica, ya que todos son cipayos de los grandes monopolios imperialistas, que defienden una política de tierra arrasada.
La gran burguesía internacional no quiere que Argentina se desarrolle, sino que se mantenga como una semicolonia que produzca materias primas exportables, como la soja, el litio y otros commodities. Para eso, si su plan se cumple a rajatable, dejarán en pie algunas industrias que se corresponden con esta producción y otras básicas, como la alimentación o las químicas.
Los trabajadores debemos enfrentar con dureza este plan, porque si triunfa nos hundirá en una situación de miseria nunca vista en la Argentina. Para eso, debemos aprovechar las divisiones en las alturas, que debilitan a nuestros enemigos de clase, y salir a pelear de manera más democrática e independiente posible, que es pasando por encima de los agentes del capitalismo en nuestras filas, la burocracia sindical traidora, que, por esa razón, nunca peleará de forma consecuente.
Hay que impulsar la organización de miles de asambleas obreras y populares y un Centro Coordinador de la Resistencia, que ponga en marcha el Argentinazo que será necesario para echar al gobierno e imponer una salida democrática profunda: ¡Transformando al país en una gran asamblea, de carácter constituyente, en la que el pueblo decida qué modelo hace falta para salir de la crisis! Allí, los y las socialistas propondremos el nuestro, el de la revolución obrera y socialista.
[1] Página12 24/01/2024

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