Por Damián Quevedo y Juan Giglio
La crisis política del gobierno nacional no es ningún secreto, aunque su gravedad debe ser materia de análisis para quienes militamos por la revolución socialista, ya que la situación está siendo acompañada por un estado de ánimo social cada vez más adverso al plan del gobierno, que se expresó cabalmente en la concentración multitudinaria frente al Congreso.
En apenas 24 horas, no solo se empantanó la discusión parlamentaria sobre la ley “Omnibus”, sino que explotó un conflicto más que significativo dentro del gobierno, entre Milei y su ministro de infraestructura, que terminó siendo expulsado del ejecutivo. Dicen desde las filas libertarias, que la causa fue haber filtrado información de una reunión de gabinete a la prensa, relacionada a la relación entre la Rosada y los caudillos provinciales.
A pesar de que todo sucede tan rápido, que resultad más que difícil procesar los cambios, estamos en condiciones de sacar una primera conclusión: la estrategia de Milei, en cuanto a revertir su debilidad tejiendo logrando alianzas con los gobernadores, fracasó rotundamente. Es que la base de esos acuerdos es el manejo de la caja del Estado, que, al estar en rojo, no deja satisfecho a nadie, por más buena voluntad que tenga.
Queda claro, que esta es la razón de la rebelión de las provincias, entre las que están varias de las productoras estratégicas del país, como las petroleras de la Patagonia, las sojeras de la “Zona Núcleo” o las mineras de varias regiones. En condiciones de ascenso económico, estas serían fuentes legítimas del ingreso de dólares para el Estado, mediante el aumento de los impuestos o retenciones, que los mandatarios locales, de uno u otro color, rechazaron enérgicamente.
Como Guillermo Francos, ministro del Interior, que negoció el apoyo de los alfiles de Osvaldo Jaldo (Tucumán), Menem se encarga de recomponer. En la Cámara baja lo asisten Oscar Zago, jefe de bloque de La Libertad Avanza (LLA), y José Luis Espert, a quien Milei buscó empoderar tras la reconciliación entre ambos. “Ponemos y sacamos negociadores; y rompemos los puentes”, se lamenta un alfil de LLA que teme que se dilate aún más el aval de Diputados a la ley[1].
A estos choques debemos sumarles la -cada vez más importante- cantidad de artículos frenados por el poder judicial, entre los que se encuentra la reforma laboral, uno de los ejes del plan de ajuste de Milei. Ahora, acaban de presentar una nueva denuncia judicial, acusando de “falsedad ideológica” a todos los que firmaron el primer dictamen de la ley.
La novela del dictamen de la Ley Ómnibus tiene su correlato judicial. La abogada Valeria Carreras presentó en los tribunales de Comodoro Py una denuncia por falsificación de instrumento público y falsedad ideológica contra quienes firmaron un dictamen que no se había terminado de redactar en la víspera del paro de la CGT y terminaron de discutirlo, horas más tarde, entre un departamento y un bar del barrio de Recoleta[2].
Como si esto fuera poco, horas atrás, el súper ministro Caputo informó, que, para “consensuar”, decidió abandonar la parte “fiscal” de la reforma, que era su columna vertebral. Luego de su encendido discurso en Davos, Milei continúa demostrando que no está en condiciones, al menos por ahora, de garantizar la gobernabilidad y el ajuste que les ofreció rimbombantemente a los capitalistas.
El gobierno va de Guatemala a Guatepeor, porque, aunque logre hacer pasar una parte de la reforma, su poder de fuego disminuye a diario, una realidad que los representantes del gran capital están teniendo en cuenta. Por eso, la política de estos personajes es que Milei conforme una especie de gobierno de “unidad nacional” con los gobernadores y una parte del PJ, que, de una u otra manera, está comenzando a organizarse a partir de los acuerdos alrededor del ajuste.
La izquierda tiene que denunciar con mucha fuerza esta política y presentarse como la única alternativa para cambiar en serio el país, con una revolución social que imponga un gobierno obrero y popular que rompa con el capitalismo y declare una nueva y definitiva independencia nacional. Es que si Argentina no rompe con el imperialismo, que la saquea y explota brutalmente, no tendrá ningún futuro.

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