La crisis terminal del capitalismo argentino y el fantasma del helicóptero


Por Damián Quevedo

El ex secretario de medios del kirchnerismo, el millonario publicista José Albistur, ironizó sobre la debilidad del gobierno, aunque sin nombrarlo. “Como les dije compañeros, es tiempo de calma, de reflexión y sobre todo de pocholo, no nos quedemos sin pochoclo. Esto es Semana Santa, no sabemos si cae en marzo o en abril”, ironiza el empresario con los gritos de los vendedores playeros de fondo, sentado en una reposera, de espaldas al mar[1]. 

Albistur, marido de la concheta ex ministra Tolosa Paz, que es un personaje payasezco, de los tantos que conforman el peronismo, pertenece al grupo más ligado a Alberto Fernández. Aunque no es un dirigente de peso en la política nacional, resulta significativo que alguien de ese espacio hable de esa manera, justo cuando su partido está tratando de contener bronca para garantizar la gobernabilidad. 

El exabrupto de Albistur es una expresión de la situación política y social, que se está tornando insoportable para la mayoría de los trabajadores y también para una parte de las capas medias, e incluso más pudientes, de la sociedad. Sus palabras indican lo que ya comienza a presentir una parte muy importante del pueblo, como aquella que vivió la crisis del 2001, en la que el peronismo ayudó, desde las sombras, a desestabilizar a De la Rua. 

Lo central de este hecho, no son las declaraciones o como ya dijimos, el peso que pueda tener la palabra de Albistur, sino la impotencia del ejecutivo nacional, frente a quien, de manera pública y sonora, salió a “vaticinar” su caída. Es que lo que advierte este personaje es, en un sentido, lo que piensa y siente gran parte de la dirigencia política del resto de los partidos patronales.   

Desde la izquierda revolucionaria debemos tomar nota de esta situación, principalmente los partidos que componen el FITu, que tienen legisladores cuyas declaraciones pueden llegar a millones de personas y, en los hechos, cuentan con mucha más autoridad los viejos ajustadores kirchneristas. 

Los principales referentes de la izquierda deberían comenzar a plantear la necesidad de exigir la renuncia del gobierno. Eso no significa impulsar un golpe de Estado o atentar contra la voluntad democrática del conjunto, que se expresó, de una u otra manera, en las últimas elecciones. Todo lo contrario, es un derecho presionar para que la mayoría del pueblo imponga una salida mucho más democrática, un espacio en el que decida no solo quien gobierna, sino, principalmente, en base a qué “modelo” de país debe hacerlo.   

Para eso es necesario transformar al país en una gran asamblea popular, de carácter constituyente, apoyada en miles de asambleas en los barrios y los lugares de trabajo, donde millones, a mano alzada, como en los Cabildos Abiertos de nuestra independencia expresen la soberanía popular de la manera más simple y directa.


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