Por Damián Quevedo
La crisis internacional golpea a todos los países del planeta, incluso a aquellos que dicen ubicarse por fuera del capitalismo, como Cuba, cuyo gobierno anunció un paquete de ajuste a lo Milei, en sintonía con la exigencia de las grandes potencias y los organismos financieros internacionales.
El gobierno ha anunciado un aumento
de la luz, el gas, el agua, el transporte público y el combustible -que ya no
estará subsidiado-, además de nuevos recortes a la escuálida cartilla de
racionamiento. También se congelarán y ajustarán las plantillas estatales.
Todo, en el marco de una contracción de la economía de entre 1% y 2% en 2023, y
una inflación del 30% anual, según el ministro de Economía, Alejandro Gil
Fernández[1].
Díaz Canel sostuvo que no se trata de un conjunto de medidas contra el pueblo, sino que el resultado será “más revolución y más socialismo”. Cuba, al igual que China, es un país capitalista, a pesar de que aún conserva algunas características formales de la revolución castrista. Desde hace décadas, ha vuelto a ser una semicolonia del imperialismo europeo y chino.
Este paquete de ajuste contra los trabajadores y el pueblo cubanos, es una clara muestra del carácter de esa sociedad. Como lo señalamos en varias publicaciones, la crisis capitalista es tan extensa que no deja a ningún país afuera ni permite que se implementen medidas económicas populistas, mucho menos en los países dependientes.
El ajuste de Díaz Canel es la confirmación de que, en actual contexto, los populismos más emblemáticos o tradicionales optan por el ajuste. Es por eso que seguimos sosteniendo que, si en Argentina hubiera ganado las elecciones el peronismo, estaríamos en la misma situación que hoy, sufriendo un ajuste salvaje.
Kicillof en la línea de Milei y Díaz Canel
En la otra punta del mapa, otro populista, el gobernador de Buenos Aires Axel Kicillof, hace lo mismo que Díaz Canel, Milei y todos los gobiernos latinoamericanos. La estrella del peronismo y único gran ganador del peronismo en las últimas elecciones, acaba de anunciar el envío al parlamento de varias medidas de ajuste.
El ajuste impositivo “nacional y popular”, que irá de la mano de un nuevo pedido de endeudamiento para la principal provincia del país, que, como todas las deudas, serán pagadas por la mayoría del pueblo, incluye un fuerte aumento de las patentes vehiculares y del impuesto inmobiliario, este último oscilará entre el 140 y el 300 por ciento, según el valor del inmueble.
Kicillof, que, para la tribuna, intentó diferenciarse del gobierno nacional, negándose a aplicar el protocolo de Bulrrich, se alinea de manera tajante con Milei y Caputo cuando se trata de ajustar al pueblo. El “programa” del peronismo es el mismo que el de Macri o Milei, ya que todos trabajan para los grandes capitalistas.
Para eso, todos coinciden en mantener al país bajo el control o “monitoreo” del FMI, en el ciclo de endeudamiento que implica enormes negociados para una fracción de los capitalistas locales, especialmente aquellos que están relacionados a emprendimientos extractivistas o la gran timba financiera, como el propio Caputo.
El proyecto del peronismo bonaerense es, además, una señal para las grandes multinacionales y los organismos financieros que definen los rumbos del país, ya que, ante la actual crisis no se puede descartar la salida antes de tiempo del actual gobierno. Frente a esa posibilidad, Kicillof les dice a los dueños del mundo, que él está dispuesto a garantizar la continuidad del ajuste.
Aquí,
como en Cuba y en el resto de la región, los populistas no tienen
contradicciones económicas con los derechistas, ya que todos están llevando
adelante una guerra contra la clase obrera y el pueblo. Por esa razón, los
trabajadores y las trabajadoras deben romper con todos estos y construir una
organización propia, que se proponga acabar con el capitalismo.
[1] La Nación 25/12/2023

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