Si la izquierda no traza rayas con los dos candidatos del balotage, se hundirá con el peronismo


Damián Quevedo

Aunque significó una sorpresa, el triunfo de Sergio Massa trajo alivio a la mayoría de los empresarios, que lo conocen y saben a qué atenerse. Por otra parte, se comenzó a correr la voz de que Lavagna sería parte de su gabinete, lo cual también agrada a los capitanes de la industria vernácula. Es que el ex ministro de economía de Néstor Kirchner les recuerda años de bonanza capitalista.

Luego de las últimas elecciones, la figura de Javier Milei, que generaba cierta preocupación en las cámaras empresarias y algún interés en parte de la burguesía local, se fue diluyendo a partir de la elección general y el posterior acuerdo con Mauricio Macri. Este pacto no solo implicó la ruptura de Juntos por el Cambio, sino, además, en las filas libertarias.

El interés que el candidato libertario despertó en el Círculo Rojo desde el 13 agosto se diluyó de golpe y sin anestesia. Esa curiosidad estaba basada en parte en el desconocimiento de su plan económico y los referentes que lo acompañarían. Ahora se ve disminuida por dos factores: la distancia de siete puntos que le sacó el candidato de Unión por la Patria y la revelación del enigma: en caso de que la aventura prospere, su equipo se negociará con Mauricio Macri y probablemente, su programa también[1].

Ahora, la disputa final entre ambos candidatos, busca cooptar las esquirlas de JxC y, sobre todo, su base electoral. En ese sentido, y con el propósito de ganar a la UCR y al larretismo, Sergio Massa apela al discurso institucionalista. En la otra esquina del cuadrilátero, Javier Milei comenzó a morigerar su discurso y a disculparse de forma poco decorosa con los demás candidatos, a quienes había insultado de pies a cabeza.

Lo fundamental en este tramo de la campaña, es que ambos candidatos se corren hacia el centro. Massa, lo hizo desde el principio, convocando a un gobierno de unidad nacional, sin el kirchnerismo. Por otra parte, Milei, que abandonó la táctica de la “motosierra”, está tratando de sacarse el disfraz de “loco” o “fascista”, con el que ciertos izquierdistas lo califican, para justificar su apoyo a Massa.  

La campaña de la Libertad Avanza quedó en manos de Mauricio Macri, cuyo gobierno no se diferenció demasiado del PJ, ya que se multiplicó planes sociales, aplicó un ajuste “gradual” -aunque hoy diga que se arrepiente del gradualismo- y mantuvo el mismo alineamiento internacional, con las grandes potencias, que los peronistas. En ese marco, la discusión sobre Cuba o Venezuela es poco menos que anecdótica.

Queda claro, como lo demostraron los gobiernos de Macri y el actual, que no existen diferencias sustanciales entre los dos candidatos que van al Balotaje. ¡No hay, detrás de ellos, fracciones de los capitalistas locales o de las potencias imperialistas, que estén tratando de cambiar el régimen democrático burgués, que viene funcionando desde la caída de la dictadura militar!

 

Es por eso que los sectores de la izquierda que aún no asumen una postura clara ante la segunda vuelta electoral, sucumben ante las presiones de una porción de la clase media progre acomodada que apoya al kirchnerismo. ¡Estos grupos, que se reclaman socialistas, se están hundiendo junto al peronismo, masivamente odiado por el movimiento de masas!

Las amenazas a las condiciones de vida, conquistas y derechos de la mayoría no solo vienen de la mano del tándem Macri-Milei, sino también de Massa, que, como agente directo de la embajada yanqui, pretende encaramarse en la presidencia para profundizar el plan de ajuste que él mismo aplica en la actualidad. ¡Ningún ministro de economía, salvo Massa, ha podido rebajar tanto el poder adquisitivo de los salarios en los últimos años, un “mérito” que le reconocen las grandes patronales!

La indefinición de la izquierda, que no se delimita de manera tajante, de uno y otro candidato, termina siendo un apoyo vergonzante al peronismo que la aleja más de la clase obrera y de la posibilidad de liderar los próximos conflictos. Hay que construir una nueva alternativa obrera, socialista y revolucionaria que supere al centrismo de la izquierda mayoritaria.



[1] https://www.ambito.com/economia/el-circulo-rojo-recalcula-y-apuesta-un-ordenamiento-la-macro-despues-del-10-diciembre-n5859037

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