Massa convocó a construir un gobierno con radicales y macristas, demostrando el carácter reaccionario de sus propuestas

Por Damián Quevedo y Juan Giglio  

En otra maniobra desesperada, el candidato del peronismo apeló -de manera directa y sin disimulos- a los grandes capitalistas que conforman el denominado “Círculo Rojo”. Sergio Massa anunció, que, de ganar, convocaría a dirigentes de la UCR y Cambiemos para conformar un gobierno de unidad nacional. 

El candidato presidencial de Unión por la Patria afirmó que en el cuerpo ministerial de su posible gobierno habrá "ministros radicales” e incluso "ministros que son peronistas y hoy están en el Pro". Sin duda, esto representa una señal de lo que había anticipado cuando se refería a que era preciso encarar un gobierno de unidad nacional[1]. 

Por un lado, el súper ministro está tratando de seducir al votante de la UCR, para que lo apoye en un eventual escenario de segunda vuelta contra Milei. Y, por el otro, intenta convencer a la burguesía vernácula e imperialista, de que él es el único capaz de garantizar la gobernabilidad, ya que cuenta con el aparato peronista y la mayoría de la burocracia sindical. 

El ministro sabe que ese es el punto débil del candidato libertario, que es el que más chances tiene, hoy por hoy, de ganar. Justamente, la mayoría de las patronales desconfían en que un gobierno de los "libertarios" sea capaz de sostener el ajuste que esta gente necesita para sostener sus ganancias. 

Con este vuelco “pragmático”, Massa, luego de una serie de medidas populistas de absoluta ineficacia, quiere convertirse en el candidato predilecto de los capitalistas y de acelerar el desprestigio que el candidato de La Libertad Avanza ya tiene entre los verdaderos dueños del poder.   

La carta que le queda al tigrense es profundizar el miedo de los capitalistas ante un posible gobierno de Milei. No porque vaya a afectar sus intereses o porque no acuerden con su programa, que salvo por puntos ridículos como la dolarización, es el mismo que el de los otros candidatos, sino porque saben que le será imposible gobernar. 

Los capitalistas, a diferencia de lo que sostienen los partidos de la oposición patronal, no le temen al populismo. Saben bien que es una herramienta que les sirve para mantenerse a flote en determinados ciclos económicos y sociales, en los cuales, nunca, absolutamente, los populistas han cuestionado al sistema capitalista, que se basa en la explotación de la masa asalariada. 

El problema para los populistas es que el ciclo de expansión económica -que les permitió entregar ciertas concesiones- terminó con inicio de la actual crisis en 2008 y se profundizó a partir del proceso recesivo que comenzó en 2019. En ese sentido, tanto Milei, como Bolsonaro, Trump, Meloni y compañía, son un producto directo de este periodo de crisis del régimen democrático burgués, que, debido a la debacle económica y la desconfianza del movimiento de masas hacia las instituciones, no puede recomponerse y volver a funcionar normalmente. 

La derrota del intento de dar vuelta este proceso, mediante las medidas de aislamiento social que tuvieron lugar durante la pandemia -como el “Covid-Zero” de China o las cuarentenas generalizadas de otros países- aceleró la crisis de los regímenes. Esta realidad dio lugar al surgimiento de condiciones objetivas para el estallido de nuevas revoluciones, como está sucediendo en Siria y otras partes del mundo.   

Es justamente por esta situación en la que los de arriba no pueden seguir gobernando como hasta ahora y surgen personajes como Milei, que, de manera distorsionada y contradictoria, expresan la creciente bronca del movimiento de masas hacia los de arriba. Esta dinámica no va, a pesar de las formas que adquiere en la actualidad, hacia la derecha y el fascismo, ni nada que se le parezca. 

Por eso decimos que la izquierda revolucionaria, especialmente el FITU, debe encarar una campaña ofensiva, que esté a la altura de estas circunstancias. Para eso, en vez de mostrarse a la defensiva y con consignas abstractas, como “Ni cómplices ni sometidos”, sus candidatos tienen que presentarse como la única opción capaz de gobernar al país en medio de la actual crisis.

Myriam Bregman, Nicolás del Caño, Rubén Sobrero y demás camaradas, no pueden ni deben limitarse a pedir que los voten para “conseguir más bancas”. Deben decirles a los trabajadores que la izquierda quiere gobernar, que para eso cuenta con un programa concreto y capaz de resolver las necesidades insatisfechas de los y las de abajo. Que la única manera de concretarlo es con un gobierno obrero, que sea el producto de una verdadera revolución social.



[1] Página12 23/09/2023

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