Por Damián Quevedo
Luego del nuevo préstamo del FMI, el
ingreso al BRICS y la búsqueda de más yuanes de China, el ministro Massa
anunció una “suba” en los salarios y las jubilaciones, que parece un chiste de
mal gusto. "En los meses de
septiembre, octubre y noviembre van a cobrar un refuerzo de 37.000 pesos,
llevando la mínima a más de 124.000 pesos"[1].
El candidato presidencial del PJ, también habló de una suma fija o bono para los trabajadores formales -de $60000.- en dos cuotas- para quienes cobran menos de $400000.- Estos montos, en medio de la tremenda inflación, mantienen a la mayoría de los laburantes en la línea de pobreza.
¡Ni qué hablar de la mayoría de los
estatales, que reciben sueldos miserables, aquellos que no están bajo convenio
o de los millones de jubilados que cobran la mínima! Al 22 de agosto de 2023 el valor
de 1 (una) Canasta Básica Total tipo 2 según INDEC es de $248.962,01[2].
Como ya señalamos en otras publicaciones, la profundidad de la crisis es tal, que el gobierno no tiene margen de maniobra para realizar concesiones. Aunque quisiera, con el fin de hacer una buena campaña electoral, no puede ejecutar ninguna clase de “shock distributivo”, ya que su única fuente de financiamiento, en medio de la recesión, es recurrir a préstamos.
Cada paso de Massa es una muestra de una impotencia mayúscula, una realidad que aviva la bronca popular, un sentimiento generalizado que se expresó en las primarias con la abstención y el voto “castigo”. Milei o Bullrich, en caso de ganar, estaránal frente de un barco que se hunde, luego de chocar con un témpano más grande que el que mandó a pique al Titanic.
Si algo quedó en claro en las PASO, es que, para la clase obrera, el peronismo dejó de ser una opción. Esta dinámica es más que progresiva, porque abrió las puertas de un proceso de reorganización sindical y político inédito. ¡En ese sentido, Milei es apenas una estación de paso del movimiento de masas, que, debido a la realidad que lo empuja, tenderá a radicalizarse!
Aunque la izquierda hoy no es tomada hoy como una herramienta para terminar con los políticos patronales, tendrá nuevas oportunidades de ponerse al frente de la resistencia. Una perspectiva para la cual debe trabajar desde hoy mismo, no solo en las elecciones, sino principalmente en las luchas obreras y populares.
Para eso, las organizaciones que se reclaman revolucionarias deben impulsar la construcción de un Centro Coordinador y Asamblea Nacional de Trabajadores, que sirva para dotar a la clase obrera de una nueva conducción realmente combativa y consecuente. Una dirección integrada por esos miles de compañeros y compañeras que se ponen al frente de los conflictos y consultan todo en asambleas democráticas de base. La campaña electoral debe estar subordinada a esta tarea.

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