Por Damián Quevedo
Massa viaja a China para solicitar más “Swaps”, créditos en moneda china, yuanes, que se pueden cambiar por dólares. No es la primera vez que Argentina toma deuda con el gigante asiático, lo particular de este caso es el gesto político de Massa, que tiene un vínculo muy estrecho con Washington.
La única razón que lo empuja a negociar con los competidores de sus jefes imperialistas, es la desesperación, ya que las reservas están en rojo y eso es un problema grave, mucho más en tiempo electoral.
Este viaje del ministro, luego de haber compartido el acto con la vicepresidenta, es la implementación de la única línea que guía a Cristina, la toma de más y más deuda externa. Sin embargo, esta tiene ingredientes más leoninos que las que el gobierno ha tomado de los yanquis o el FMI.
Aquí, si el deudor no cumple, los acreedores asiáticos pueden interrumpir nuevos desembolsos, embargar cuentas bancarias, tomar posesión de los proyectos a financiar y explotarlos por décadas.
Este es un mecanismo típico de los imperialismos más voraces, al servicio de avanzar sobre la soberanía de los países deudores, que es lo mismo que decir transformar en colonias chinas a los países en mora.
Un caso emblemático es el de Sri Lanka, que al no poder cancelar sus deudas con acreedores chinos, debió ceder el 70% de la explotación del puerto de Hambantota a un consorcio chino por 99 años. Pero no hubo perdón de la deuda: la misma debe pagarse y esa es la regla general[1].
Otro Ejemplo, en América Latina es
Surinam, que es deudor del FMI y el BID, con los cuales renegoció varias veces
su deuda, cosa que no pudo hacer con Ji Xinping y sus secuaces. Surinam negoció con todos pero con el único
con el que no logra avances de ningún tipo es con China.
La actitud intransigente es conocida en el mundo
-principalmente en África y Asia- como “la trampa de la deuda china”. Beijing
despliega su poder económico, logra posicionarse en regiones que le interesan
para hacer contrapeso a las potencias occidentales, y cuando los países no
puedan pagar, se apodera de sus activos[2].
Con esta estrategia China no solo somete e impone políticas a los países endeudados, sino que se apropia de sus recursos y su infraestructura, lo que los convierte obviamente en colonias. Por otra parte, el estricto secreto con que se manejan estos empréstitos, dan lugar a enormes agujeros negros que permiten el desarrollo de un entramado de corrupción en los sectores del Estado que se encargan de la implementación de estos tratados.
Las coimas, los "vueltos" y las estafas son moneda corriente tanto entre los funcionarios del Partido Comunista chino como en el peronismo. Ambas organizaciones tienen a la corrupción y la burocracia como elementos comunes de su funcionamiento.
Es por eso que los trabajadores no sólo no debemos esperar nada de estos préstamos, debemos rechazarlos, combatirlos y echarlos a patadas, porque lo peor que nos puede pasar es volver a ser una colonia de cualquiera de los imperios en disputa.

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