Las mentiras escandalosas de Cristina Kircher


Por Damián Quevedo

El discurso de Cristina Fernández dejó un sabor a nada para quienes esperaban alguna definición sobre su candidatura u otra alternativa, designada por ella. Por lo tanto, la indefinición, que es el elemento central de la crisis peronista, continuará desestabilizando el Frente de Todos. En ese marco, su discurso estuvo plagado de lugares comunes: la deuda contraída por el macrismo, los ataques a la Corte Suprema y algunas referencias a la vieja “mística”. 

Refiriéndose a la cuestión económica, Cristina dijo que "tenemos que abrir la cabeza y mirar lo que les decía, como en otras economías se articula lo público y privado. Tenemos recursos estratégicos extraordinarios gracias a los kukas también recuperamos Vaca Muerta. Litio, materiales raros, debemos tener mirada estratégica, que vengan a explotarlo, una parte de la batería hacerla acá, si te la estás llevando toda"[1] 

Estas palabras son la muestra de su tremenda hipocresía, ya que fue parte y luego encabezó el gobierno que más profundizó el saqueo, la extranjerización y la primarización de la economía de Argentina, a lo largo de nuestra historia. Entre 2001 y 2007, retrocedieron las empresas privadas nacionales en la cantidad de capitales invertidos, así como en su participación dentro de las principales exportadoras. 

La contracara de estos comportamientos fue, y continúa siendo, la fenomenal expansión de las transnacionales: en 2007 había dentro de las 200 empresas más grandes, 116 empresas de capitales extranjeros[2], que de conjunto concentraban casi las dos terceras partes de la facturación agregada. Esta realidad pone en evidencia que el relato kirchnerista del modelo “nacional y popular” es puro verso para la tribuna. 

¡Durante los gobiernos de Néstor y Cristina la participación de las multinacionales se incrementó cualitativamente y se profundizó la concentración monopólica de la economía! Por eso, otra de las grandes mentiras de la actual vicepresidenta tiene que ver con la de la distribución progresiva del ingreso bajo los gobiernos de su familia. En su discurso ratificó esta falacia, cuando dijo que "muchos dicen que mi segundo gobierno no fue tan bueno, es porque fue cuando más plata ganaron los trabajadores". 

Evidentemente olvidó u obvió a propósito el significado reaccionario de la devaluación impuesta por el gobierno de Duhalde, que preparó el terreno para la asunción de los Kirchner, rebajando el salario real en términos nunca vistos. Néstor no solo continuó esta política económica, sino que, además, mantuvo al mismo ministro de economía. 

La brusca caída que sufrieron los salarios y los costos salariales luego de la salida devaluacionista de la convertibilidad, junto con el e incremento de la productividad laboral, motorizaron -entre 2002 y 2007- una apropiación del excedente, plusvalía, por parte de los capitalistas industriales, que promedió los 19.737 millones de pesos por año (a precios constantes de 2007)[3]. Tal cifra supera holgadamente los significativos montos de ganancias promedio, captados por el capital industrial durante la década del 90. 

Es decir, mientras los salarios vivieron una leve recuperación, en relación al pico de la crisis de 2001, la ganancia patronal en los años posteriores fue mucho mayor, lo que significa que la explotación aumentó cualitativamente durante los gobiernos “nacionales y populares”. ¡Por eso, Cristina reivindica el “modelo coreano”, un país que se industrializó gracias a intensas jornadas laborales, en las que prima un nivel de súper explotación inédito! 

El 25 de mayo kirchnerista fue un acto de los aparatos políticos que buscan perpetuarse en el manejo de la caja estatal, grupos que expresan a los sectores más descompuestos del ámbito político local. Allí brilló por su ausencia la clase obrera, que hoy sufre el ajuste inflacionario y que hace tiempo rompió con el peronismo. ¡Por eso, la mayoría de los burócratas de la CGT ni se animaron a movilizar, ni si quiera a sus aparatos, ya que esta gente olfatea la realidad mejor que muchos analistas! 

Desde la izquierda revolucionaria debemos impulsar la lucha obrera y popular contra estos parásitos, trazando rayas con el resto de los políticos patronales –macristas, libertarios y demás- para echarlos a todos e imponer un gobierno revolucionario. Solo un gobierno obrero y socialista podrá conquistar la cada vez más necesaria segunda y definitiva independencia nacional, reorganizando el país sobre nuevas bases, sin explotados ni explotadores.



[1] Página12 25/05/2023

[2]  Daniel Azpiazu, Concentración y extranjerización en la pos convertibilidad, 2011.

 [3]Ibid.

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