Por Damián Quevedo
Javier Milei, como fenómeno electoral, es un emergente propio de la crisis que atraviesa el capitalismo y, particularmente, el régimen democrático, del cual, el candidato “libertario”, es un producto de su descomposición institucional. Por eso, para resultar atractivo frente a un sector de las masas, se presenta como “anti sistema” o “enemigo de la casta”, lo cual es una soberana mentira, que forma parte de todo lo que dice combatir.
Milei no es inorgánico ni ajeno a la clase dominante, todo lo contrario, ya que si ha logrado tener tanta publicidad es porque una fracción de la burguesía le ha dado oxígeno, no para que gane las elecciones, sino para con su ascenso mediático presione, hacia la derecha, a los otros candidatos capitalistas. Además, desde el Frente de Todos, bajo cuerda, ayudan a elevar los números de las encuestas favorables a Milei, porque les conviene, o al menos eso creen, que le restará votos a Juntos por el Cambio.
Milei tampoco es fascista, porque este movimiento, cuando surge, es un fenómeno inherente a las grandes potencias, que expresa políticamente al capital financiero más concentrado, que, para resolver la crisis, necesita aplastar militarmente a la clase trabajadora y a sus competidores patronales. El fascismo, para lograr esos objetivos, se apoya en una fracción de las masas, principalmente las capas medias y sectores marginales -lúmpenes- que no están ligados de forma directa o indirectamente a la producción.
Esta posibilidad no existe ahora en Argentina, Milei apenas cuenta con un séquito pequeño burgués de seguidores, que no tiene ninguna intención de convertirse en un grupo de choque, capaz de tomar las armas para enfrentar militarmente a la clase obrera.
La ideas de la economía clásica que propugna este patético personaje, no sólo son reaccionarias, porque implican un ataque frontal contra las condiciones de vida de los trabajadores, sino que son utópicas. Sus propuestas no son más que entelequias irrealizables, que se nutren de las ideas surgidas en el siglo XVIII, que reflejaban y trataban de explicar el capitalismo naciente, con las limitaciones propias de ese período histórico.
En la época que vivimos, la del imperialismo, la competencia entre capitalistas, aunque continúa existiendo, no es la libre competencia del siglo XIX, ya que el volumen, desarrollo monopolista y la concentración de capitales reduce la reduce, de tal modo, que la puja por los mercados solo pueden llevarla adelante un puñado de grandes multinacionales, que necesitan y utilizan los Estados como polea de trasmisión y garantes de sus planes.
Milei habla de eliminar a "la casta" y la burocracia, pero la burocracia es fundamental para cumplir con uno de los puntos principales de su programa, la defensa de la propiedad privada. ¡Las fuerzas de seguridad, la burocracia judicial los políticos y los dirigentes vendidos de la clase trabajadora son indispensables para eso!
¿Es posible eliminar el Banco Central y el peso?
La destrucción del BCR y el de la moneda nacional son otros de los buzones que venden los libertarios. Esto es algo que no sucedió ni siquiera con la ficción del uno a uno menemista, porque los capitalistas necesitan que el Estado imprima y maneje su propia moneda, a través del Banco Central, porque esta es una variable de ajuste. Esto ocurre, por ejemplo, con la híper emisión de billetes, que, al desvalorizarse, de manera indirecta aplastan los salarios!
Por otra parte, el Banco Central también es esencial para gestionar la deuda externa, la cual Milei y los demás partidos patronales continuarán tomando, porque el capitalismo local no puede funcionar sin endeudamiento, ya que no produce lo suficiente para ser competitivo. Los libertarios, en caso de ganar las elecciones, no harán otra cosa que tratar de implementar el plan de ajuste del FMI, igual que el gobierno actual y el anterior. La gran diferencia es que, si esto sucediera, su gobierno sería el más débil de la historia, porque no cuenta con un aparato político y sindical capaz de sostenerlo.
Los trabajadores debemos castigar al gobierno en las próximas elecciones, pero, para eso, no podemos equivocarnos. ¡Votar a Milei no sirve de nada, porque es el mismo perro con distinto collar! Para pegarle duro a Alberto, Cristina y compañía, hay que elegir a la izquierda y, al mismo tiempo, preparar el combate de fondo que se necesita para cambiar la realidad en favor de los de abajo. ¡Hay que hacer una revolución que imponga el gobierno de los que nunca gobernaron, los trabajadores y el pueblo pobre, que rompa con el FMI, expropia las grandes empresas y comience a construir el Socialismo!

Comentarios
Publicar un comentario