Por Damián Quevedo
Mauricio Macri anunció finalmente que no será candidato, una confirmación que cambia el escenario político de cara a las próximas elecciones, no por el peso específico de Macri, sino por la debilidad general que pone de manifiesto. La oposición patronal tras el anuncio, sigue en crisis por la pelea entre Larreta, Bullrich y la UCR, conflicto que produjo varias rupturas en sector.
De la misma forma, esta decisión profundiza la interna oficialista, ya que del lado del kirchnerismo continúan presionando a Alberto Fernández para que también dé un paso al costado. Mientras tanto, desde el entorno presidencial, piden lo mismo para Cristina Fernández.
Esta división en el peronismo se reflejó este 24 de Marzo, donde los grupos que conforman el Frente de Todos no lograron hacer un acto juntos. Tal es así, que La Cámpora hizo su propio acto en la ex ESMA y luego fue a plaza de Mayo, pero diferenciándose de las organizaciones que giran en torno al albertismo y otros agrupamientos de la diáspora pejotista.
Alberto Fernández, camino a reunirse con Joe Biden, respondió inmediatamente. Nadie tiene que imitar su ejemplo”. La frase que remarcaron dos veces en menos de diez minutos de conversación es una respuesta al kirchnerismo, con el verbo imitar como protagonista. Es que, apenas conocida la baja de Macri, desde el kirchnerismo le apuntaron directamente a Alberto Fernández[1].
En el único punto que coinciden el kirchnerismo y el sector que sigue al presidente, es en la defensa incondicional de Sergio Massa, que esta semana tambaleó luego de haber anunciado un nuevo y fenomenal saqueo a las cajas jubilatorias. Todas las bandas del gobierno saben que si renuncia Massa hoy provocaría una avalancha que los borraría a todos de la carrera electoral.
En ese contexto
político, después de una jugada suicida, como fue el canje forzoso, utilizado
para cubrir deuda en dólares, el BCRA está de nuevo en rojo por la deuda en
pesos. Economía termina de rediagramar su escenario
financiero con la decisión de obligar a los entes públicos a canjear sus bonos
de la deuda del Tesoro en dólares por otros en pesos, los datos del Banco
Central siguen registrando el avance de sus pasivos remunerados, cuyo valor ya
supera los 12 billones de pesos sumando las Leliq, los pases pasivos y otros
instrumentos. De esa forma, la otra deuda en pesos abre un frente de conflicto
que, a diferencia de otras oportunidades, no podrá “licuarse” mediante una suba
del dólar[2].
La crisis política, tanto para el gobierno como para la oposición, se mantendrá e intensificará mientras no se resuelva la situación económica. La bomba de tiempo que significa la combinación entre crisis de deuda, inflación y recesión explotará en las próximas elecciones, un escenario, que hoy por hoy, es el mejor para el gobierno. El peor, no el más probable, aunque tampoco imposible, es un derrumbe institucional antes de las presidenciales.
Las organizaciones socialistas deben jugarse capitalizar esta situación y convertirse en una alternativa concreta para la mayoría de los trabajadores. Para eso debe romper con el centrismo que caracteriza a sus principales partidos, que están cada vez más adaptados al régimen, actuando, en los hechos, como su pata izquierda. Macri, que no es ningún estúpido, leyó esta situación, razón por la cual renunció a la candidatura presidencial para quedar por fuera del terremoto político y social que hundirá, en el período que se avecina, a sus pares, pero, también, para aparecer en el futuro como una alternativa de recambio.

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