¿Cipayo "nacional y popular"! Alberto se comprometió ante Biden a profundizar la dependencia con los monopolios yanquis
Por Damián Quevedo y Juan Giglio
En la misma semana en que Alberto Fernández fue a reunirse con el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, el ministro de economía, Sergio Massa, viajó a Washington para rendir cuentas ante los directivos del Fondo Monetario Internacional. Su objetivo fue conseguir nuevos plazos para “bicicletear” los vencimientos y cambiar algunas de las metas recaudatorias que no se cumplieron.
El gran problema de las arcas del Estado nacional es la carencia de dólares para pagar deuda externa, ya que, a pesar del llamado canje a las instituciones públicas y el robo a los jubilados, las reservas de moneda estadounidense siguen siendo magras.
Cabe recordar que en marzo las reservas netas del
BCRA, según el acuerdo original, debían ubicarse en USD 5.500 millones. A modo
de referencia, estimaciones privadas señalan que, tras la sangría de divisas
sufridas por la entidad monetaria, las reservas netas se situarían en la
actualidad debajo de los USD 2.000 millones. El objetivo para junio estaba
estipulado en USD 8.600 millones y para septiembre USD 8.700 millones[1].
Los argumentos del ministro, para conseguir un cambio en los plazos, fueron la sequía y el contexto internacional desfavorable. Más allá de estos inconvenientes, que afecta a otras economías, el problema argentino es el tamaño de la deuda externa -que resulta impagable- y el carácter semicolonial de nuestro país, con una producción concentrada en el extractivismo y las materias primas.
Es por esto que Alberto Fernández se arrodilló ante Biden, con la propuesta de que interceda ante el FMI para que “afloje” un poco la presión. El presidente se comprometió, a cambio de esta intermediación, a profundizar las políticas de ajuste y, en ese marco, a profundizar el carácter dependiente del país para con los monopolios estadounidenses.
Biden planteó la posibilidad de “consensuar una relación estratégica” con la Argentina, una definición que Alberto Fernández no esperaba escuchar en la Sala de Gabinete de la Casa Blanca. Ese concepto geopolítico implica acordar posiciones comunes respecto a alimentos y proteínas; energía y seguridad energética global y el agregado de valor en los denominados minerales críticos, como el litio[2].
La puja por los recursos naturales de Argentina -entre China y EE.UU.- se hará más dura, razón por la cual los yanquis intentan recuperar el terreno perdido en su “patio trasero”. Ambos mandatarios saben, que, en materia de mercados, el imperialismo chino viene ocupando espacios que antes pertenecían a la gran potencia del norte.
Esa pelea a dentelladas entre ambas potencias existe en Argentina y en todo el continente. Por eso, Biden y los suyos están más que preocupados por la próxima visita que realizará el presidente de Brasil, Lula, a Beijing, donde se entrevistará con el mandamás chino Xi Xin Ping.
Los trabajadores deben aprovechar que los “de arriba” se están peleando entre sí, para salir a luchar con audacia y decisión, ya que esta situación debilita a sus enemigos históricos, que no cuentan con un mando único para oprimir a los “de abajo”. La izquierda tiene que jugarse a liderar estas luchas, que crecerán y se radicalizarán como está sucediendo en Francia y Alemania.

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