La operación "Plomo fundido" contra el pueblo palestino, una gran derrota sionista que dejó malherido al Estado de Israel
Imagen de uno de los ataques contra Gaza, con bombas de fósforo, por parte del ejército sionista
Por Musa Ardem
Varios años atrás ocurrió uno de los tantos ataques genocidas,
por parte del estado sionista contra el pueblo palestino, denominado “Operación
Plomo Fundido”, que se desplegó entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de
enero de 2009 contra la Franja de Gaza. La operación consistió en una gran despliegue
militar desde aire, tierra y mar, dirigido contra objetivos de la organización
Hamas, principalmente puertos, sedes ministeriales, cuarteles de policía,
depósitos de armas y túneles subterráneos que comunicaban este pequeño territorio
con Egipto.
El conflicto fue descrito como la "Masacre de
Gaza", porque significó la muerte de 1500 palestinos y palestinas -entre
ellos/as 500 niños/as- mientras que del lado israelí apenas cayeron 10
soldados. Estos números parecieran indicar que Israel “habría ganado” de manera
aplastante en su raid destructivo y genocida sobre Gaza. Sin embargo, la
realidad fue otra, ya que el estado sionista perdió una vez más, debiendo
retirarse de Gaza, con el prestigio triturado y sin ningún resultado.
El objetivo de la operación fue recuperar la moral del
ejército, que había sido derrotado y humillado en 2006 en Líbano por las
milicias chiitas de Hezbollah. Las principales figuras del gobierno querían
posicionarse como los “mejores enemigos del pueblo palestino”, frente a las
elecciones parlamentarias, donde la coalición del Partido Laborista -cuya
principal figura era el ministro de Defensa Ehud Barak- y del partido Kadima,
competía con Benjamín Netanyahu, el “halcón” del Partido Likud.
“Nuestra intención es
cambiar totalmente las reglas del juego”, dijo el ministro de Defensa Ehud
Barak, para lo cual, durante 22 días, ordenó disparar proyectiles con las más
modernas armas contra una población cautiva, utilizando fósforo -prohibido por
la Convención de Ginebra que destruyó sedes de la ONU, escuelas y refugios.
Israel alegó que Hamas, que venía de ganar con amplitud las elecciones
parlamentarias palestinas de 2006, era una organización “terrorista”.
Irónicamente, había sido Israel quien promocionó a Hamas, para
quitarle poderío a la OLP (Organización para la Liberación Palestina) que
representaba a los palestinos en el exilio. Este grupo estaba dirigido por una
organización laica y nacionalista, Fatah, que integrada varias corrientes
marxistas. Esta política le resultó mal, porque Hamas, que cuestionaba los
acuerdos de Oslo entre la OLP e Israel -que reconocieron al estado sionista- se
terminó convirtiendo en la organización más popular de Gaza.
Oslo y la traición a la causa palestina
En los años noventa se firmaron los acuerdos de Oslo -entre
Yaser Arafat , la OLP e Israel- reconociendo la existencia de Israel a cambio
de su promesa de aceptar la proclamación de un Estado Palestino en los
territorios ocupados de Gaza y Cisjordania. Así se estableció la Autoridad
Palestina y la OLP, con Arafat a la cabeza, volvió a los territorios ocupados.
En 1994 se celebraron elecciones en las que este histórico dirigente fue electo
presidente por una aplastante mayoría.
Pero los acuerdos no llevaron al soñado estado palestino.
Por el contrario, Israel multiplicó los asentamientos en los territorios
ocupados, provocando una miseria y una asfixia cada vez mayor y asediando al
gobierno de Arafat. En 2000, los acuerdos de Oslo fracasaron, dando
lugar a la Segunda Intifada. Para ese entonces, Arafat estaba seriamente
cuestionado. Cuando murió en 2004, después de años de estar recluido en la casa
de gobierno en Ramallah, lo sucedió Mahmud Abbas, el artífice de los acuerdos
de Oslo.
En este proceso, Hamas se fue haciendo cada vez más fuerte.
En 2005 Israel se retiró unilateralmente de la franja de Gaza, pero no con el
objetivo de facilitar la construcción de un estado independiente, sino para
crear un gueto, una prisión encerrada de un millón y medio de personas,
aislando a los habitantes de la franja del resto de Palestina. En este
contexto, Hamas ganó democráticamente y por amplio margen las elecciones
parlamentarias palestinas en enero de 2006.
La Autoridad Palestina, títere de Israel y EE.UU.
Desde 2006, la tensión fue creciendo entre Fatah y Hamas. El
presidente Abbas, de la OLP, acordó con EE.UU. e Israel, que le dieron
armamento para luchar contra Hamas, que en 2007 echó a los corruptos
representantes de la AP de la franja de Gaza. Entonces, el presidente palestino
Abbas expulsó a Hamas del gobierno, y -violando la carta fundamental de la
AP- nombró a un representante de Fatah como primer ministro, a pesar de que
este movimiento había perdido las elecciones.
El ataque israelí de diciembre de 2008 y enero de 2009 tenía
por objetivo asestar una dura derrota a Hamas, para que la Autoridad Palestina
volviera a Gaza. Por eso, durante estos cruentos días, Mahmud Abbas ordenó a la
policía disparar contra los manifestantes que expresaban su solidaridad con
Gaza en Cisjordania. Sin embargo, los jóvenes palestinos salieron a las calles
de las ciudades cisjordanas y se enfrentaron con rudeza con la policía de
Abbas.
El 28 de diciembre la policía atacó la manifestación de
solidaridad apenas aparecieron banderas de Hamas. En Belén los uniformados de
Abbas intentaron frenar una marcha desde un campo de refugiados hasta el lugar
donde Israel está construyendo el muro de separación, recibiendo como respuesta
las miles de piedras que los jóvenes habían juntado para los soldados
israelíes. Luego de estos acontecimientos se decretaron tres días de huelga
general.
La consecuencia fue la opuesta de la que Israel esperaba: en
lugar de traer otra vez la AP de vuelta a Gaza sobre las ruinas de Hamas, la AP
comenzaba a desintegrar políticamente mientras que Hamas se legitimaba como el
gobierno electo en Gaza. Tal como sucedió antes con la OLP, que durante
años fue desconocida y perseguida por Israel, pero que al final conquistó su
reconocimiento como legítima organización representante de los palestinos,
luego de este conflicto, Hamas emergió con una fuerza fenomenal.
La gran traición de los gobiernos árabes
Según el comentarista de un diario israelí, “si se juzgaran las consignas de las
manifestaciones de apoyo a Gaza en el mundo árabe, se podría creer que el
invasor había sido Egipto, y no Israel”. El presidente egipcio Hosni
Mubarak colaboró con Israel cerrando el único puesto fronterizo de Gaza con el
mundo exterior, la ciudad de Rafah. Mubarak, que gobernaba desde hacía 20 años,
temía que el descontento de los palestinos se colase en su propio país, como
finalmente ocurrió, durante la denominada “Primavera Árabe” que lo tumbó.
Los gobiernos reaccionarios de Arabia Saudita y demás
monarquías del Golfo, junto a Egipto, apoyaron el ataque israelí, esperando
deshacerse de Hamas. Por esta razón, el descontento se extendió por estas
regiones: En Yemen, decenas de miles de personas se reunieron en el estadio, en
Sana, la capital, cantando: ¿Cuánto
durará el silencio? ¡Despierten, árabes! En Líbano las marchas exigían
acciones decisivas de sus líderes.
El ataque a Gaza se realizó con el apoyo pleno del gobierno
de George W. Bush en retirada y con la complicidad de los gobiernos europeos,
especialmente el de Nicolás Sarkozy, que alargaron todo lo posible una
resolución de las Naciones Unidas, dándole tiempo a Israel para matar cuantos
más palestinos fuera posible. Pero el horror de los niños asesinados en
las pantallas de televisión, pudo más que la fuerza de los gobiernos. Las
manifestaciones se extendieron a toda Europa, Estados Unidos, Australia, Japón,
Asia, y América Latina.
Israel perdió su principal apoyo, el de la opinión pública
occidental, que justificaba su existencia a nombre del genocidio de seis
millones de judíos cometido por el nazismo. Al actuar de la misma manera
que los nazis en los campos de concentración, el estado fascista sionista
dilapidó la autoridad moral que alegaba tener, provocando la mayor crisis en la
historia entre las comunidades judías del mundo.
También fracasó con su política de dividir a Cisjordania de
Gaza, porque unificó a los palestinos como nunca antes, legitimando en los
hechos a la organización que se puso al frente de la resistencia: Hamas. ¡Como
en el Líbano durante los ataques de 2006, quedó demostrado que el poderío
militar israelí no pudo imponer su supremacía, debido a la heroica resistencia
del pueblo palestino y, fundamentalmente, a la tremenda movilización solidaria
que recorrió el mundo!
“En términos de su
capacidad de asesinar y destruir, Israel no tiene parangón. Pero su problema no
es militar. Su problema es de legitimidad, mejor dicho, la profunda e
irreversible falta de ella. Israel no puede ganar esa legitimidad a costa de
bombas”, escribía en esa época un analista palestino -en The Electronic
Intifada- concluyendo que “Paradójicamente,
es Israel como estado sionista, y no Palestina, la que no podrá sobrevivir este
ataque genocida”.
Nuestro papel en las movilizaciones contra la operación
Plomo Fundido
Desde nuestra organización, que en ese momento se llamaba
Convergencia de Izquierda, impulsamos con mucha fuerza la unidad de acción con
otros grupos y personalidades, reclamando el cese de los ataques. En ese marco,
nos unimos en los hechos con el espacio que se había conformado en la sede de
la embajada palestina, liderado por Luis Delía, Quebracho y buena parte de la
izquierda argentina.
Esta gente siempre se opuso a reclamarle al gobierno, de
Cristina Kirchner, la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel, ya que el
kirchnerismo mantenía relaciones muy buenas con el sionismo. Por eso, junto con
algunos grupos que participaban en las marchas -MTR, FAR, Asambleas del Pueblo
y MTR-CUBA- impulsamos varias acciones independientes, en las que se escrachó a
capitalistas sionistas que financiaban, desde Argentina, al estado de Israel,
además de pedir por la ruptura de relaciones.
Una de estas movilizaciones tuvo lugar frente a la sede del
Hotel Intercontinental del millonario Eduardo Elsztain -dueño de esa empresa y
otras, como Cresud- quien actuaba en ese momento como tesorero del “Consejo Judío
Mundial”, que es una organización sionista cuyo fin no es otro que el de
recaudar fondos para el Estado de Israel. ¡Este personaje le había cedido,
gratuitamente, sus oficinas en Puerto Madero a Néstor Kirchner!
En ese contexto, la jefa del INADI, María Lubertino, acusó a
nuestro dirigente, Juan Carlos Beica de "antisemita" (ver video debatiendo
con el sionista Eduardo Feinman) sacando de contexto algunas partes de sus
discursos frente a la embajada de Israel y el hotel Interamericano. Más
adelante, un jurado de CABA lo condenó con 6 meses de prisión, en suspenso. Sin
embargo, esta causa terminó cayéndose en los tribunales de segunda instancia, o
Casación, cuyos jueces dictaminaron la total y absoluta inocencia del
compañero.
Esto sucedió debido a la gran presión nacional e
internacional, ejercida por decenas de personalidades que firmaron petitorios,
hicieron declaraciones o se movilizaron reclamando la anulación de la causa,
que una vez caída se constituyó en un nuevo triunfo del pueblo palestino, cuya
dinámica permitió esto y la explosión de la fenomenal movilización obrera y
popular -denominada Primavera Árabe- que comenzó en el norte del África y Medio
Oriente y todavía continúa.

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